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“Él vendrá del lejano oriente, de una tierra más allá del mar. Un joven que aún tiene que darse cuenta de su potencial. Ese potencial es un poder que podría destruirlo o realizar su voluntad. Su valor determinará su destino. El camino que debe transitar, plagado de adversidades. Aguardo, mientras rezo, la llegada de ese destino predeterminado desde tiempos remotos. Esperando con ansia. Un dragón emerge de la tierra, mientras ominosas nubes cubren el cielo. Un ave fénix desciende de los cielos, y sus alas dejan un rastro púrpura. La noche más oscura cae y la estrella de la mañana es la única luz. Y así, de esta manera, la saga comienza…”.

Pocos la conocen entre el público casual, pero existe. La perfección hecha videojuego empezó a gestarse en 1994 de la mano de uno de los grandes genios de la industria: Yu suzuki. Empeñado en reinventar la que hasta entonces había sido su saga más aclamada (Virtua Fighter), Suzuki recorrió China en la búsqueda de ideas que le permitiesen alcanzar tal fin. Todo fue en vano, pero la experiencia le valió para concebir la que sería una nueva saga de juegos que tomaría las bases de su genial título de lucha y las ampliaría hasta límites insospechados en el marco de una ambiciosa trama argumental dividida en varios capítulos. Este nuevo proyecto, conocido en principio como Virtua Fighter RPG o Proyecto Berkley, tardaría aún varios años en llegar a nada concreto. Megadrive y SegaSaturn fueron seriamente consideradas (especialmente la segunda) para albergarlo, pero los problemas técnicos en el primer caso y las escasas ventas de Saturn hicieron que todo el arduo trabajo realizado tuviera que desecharse a la espera del nuevo y último sistema de Sega hasta la fecha: Dreamcast. Gracias al por entonces increíble poderío de la nueva máquina, Suzuki consiguió dar vida por fin a Ryo Hazuki, el protagonista de Shenmue, considerado con todas las de la ley como el mejor juego de la historia.

Es lícito preguntarse porqué este juego merece tal calificativo, pero la respuesta no es simple ni unívoca. Son muchos los detalles que convierten a Shenmue en una colosal obra maestra jugable. Podríamos comenzar por su argumento: Ryo Hazuki, un joven de 16 años residente en Yokosuka, Japón, regresa a casa encontrándose con una dantesca escena, un hombre que dice llamarse Lan-Di reclama a su padre un antiquísimo espejo de misteriosa procedencia. La negativa es rotunda al igual que la respuesta del misterioso desconocido que no duda en amenazar a Iwao Hazuki con segar la vida de su hijo. El padre, buen sabedor de la capacidad de Lan-Di para cumplir su palabra, termina revelándole la ubicación del codiciado espejo. Sin embargo, aunque consigue salvar la vida de su hijo, él no corre la misma suerte. Lan-Di se despide acabando con su existencia en un combate a muerte al tiempo que interpela al moribundo sobre un asesinato que éste cometió tiempo atrás. Ryo sostiene el cuerpo de su padre en los que son sus últimos instantes de vida. Iwao da un último consejo a su primogénito: “Nunca abandones a aquellos a los que amas”; luego muere entre los gritos desesperados de Ryo que luchan por hacerse escuchar entre el estrepitoso ruido de la tormenta. A partir de aquí da inicio la trama de Shenmue, que nos irá dando cuenta de los planes de venganza de Ryo y las venturas que le llevarán a descubrir quién es Lan-Di, cuáles son sus planes y qué relación guardan con el misterioso espejo robado.

No es preciso contar más, pues esta es una historia que debe ser descubierta por uno mismo. La clave reside pues, no solo en lo magistral de la misma sino en la manera en que el jugador llega a “sentir” cada tramo argumental. La empatía con los personajes, especialmente con el protagonista, es tal que más de uno no se avergüenza al decir que se le escapó alguna que otra lagrimita en mitad de este increíble viaje virtual. Y es que otra de las claves de Shenmue es su sistema de juego, bautizado especialmente para la ocasión como FREE (Full Reactive Eyes Entertainment), que como su nombre indica toma su base en la libertad. El jugador tiene ante sí una ciudad a su entera disposición para recorrer como le venga en gana; esa ciudad está llena de gente que, desconocedora de nuestra tragedia familiar tiene una vida propia. El tiempo irá pasando a relación de hora por cada tres minutos de juego y la noche y el día se irán alternando obligándonos a comportarnos de acuerdo a los distintos horarios: deberemos irnos a dormir cada noche, levantarnos cada mañana, acudir a la cita con un determinado personaje en un lugar y a una hora concreta… Así, no podremos por ejemplo entrar a una tienda si ésta ya se encuentra cerrada o visitar a alguien si no se encuentra en casa por estar trabajando a causa del horario… En definitiva, en Shenmue todo transcurre como en la vida real, podemos interactuar con quien queramos, hacer cuanto deseemos… y cuanto debamos, ya que también será preciso trabajar para conseguir el sustento por ejemplo… Esta mecánica nos pone más que nunca en la piel de Ryo y desemboca en la ya citada empatización que comentabamos más arriba. Junto a la interacción con nuestro entorno, Shenmue hereda un novedoso sistema de combate similar al de Virtua Fighter e introdujo además los conocidos como “Quick Time Events” que muchos juegos han copiado desde entonces hasta la saciedad (pulsar botones en el momento justo, algo similar a lo que pudimos ver en juegos como Dragon Quest).

A nivel gráfico Shenmue fue durante mucho tiempo un referente para los títulos aparecidos más allá del año 2000. El preciosismo visual alcanzado y el realismo con que se representaba cada calle, cada individuo, cada gesto; cada detalle en definitiva, no tenían parangón. Aún hoy podemos seguir mirando a Shenmue y reconocer con satisfacción la maestría de su apartado visual que fue conjugado con una de las bandas sonoras más bellas jamás creadas. De hecho, el tema central de su banda sonora resonará por siempre en las cabezas de cuantos tuvimos el placer de disfrutar con Shenmue al igual que la famosa leyenda que da paso al resto de la aventura.

Así, con una historia tan apasionante como envolvente; un apartado gráfico y sonoro de lujo y un sistema de juego que imitaba a la perfección la realidad; Shenmue se alzó por sí solo como uno de los grandes estandartes de la pasada generación y por añadidura de toda la historia de los videojuegos. Sin embargo, aunque la primera entrega tuvo notabilísimas ventas, la prematura muerte de Dreamcast desembocó en que el proyecto quedase parado después de la aparición de la segunda entrega dadas las pésimas ventas de ésta y el alto coste que requeriría la continuación de la misma. Y es que Shenmue tiene el honor también de ser el proyecto más costoso de cuantos se han producido.

Una legión de acérrimos seguidores de la saga, entre los que me incluyo, lloramos desde entonces por la inconclusión de la misma y esperamos que algún día pueda volver a retomarse, al menos para darle la conlusión que se merece tras el abierto final de Shenmue II que sin duda deja al usuario con ganas de más…

Desde aquí no puedo más que recomendaros encarecidamente que probéis las dos partes de Shenmue si es que os surge tan preciada posibilidad. Es entonces cuando descubríis la frontera que separa al videojuego del arte; cuando notáis la diferencia entre la mera diversión del juego comercial y la auténtica experiencia virtual.

Y es que Shenmue no es solo un videojuego, es emoción en estado puro, porque hasta que no lo jugué no me di cuenta de cuan orgulloso estaba de ser un videojugador…

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3 pensamientos en “SHENMUE: La perfección hecha videojuego

  1. Creo q es sin duda una obra de arte y que se encuentra entre los mejores juegos de la historia.Valio la pena hacerse con dreamcast solo por este juego y su secuela. Esta en mi lista de juegos preferidosss

  2. En efecto, uno de los más grandes juegos de la historia, cuando Sega todavía nos deleitaba con juegos totalmente innovadores y grandes obras con personalidad propia.Siempre que leo u oigo hablar de Shenmue me arrepiento de no tener en mi propiedad una Dreamcast…

  3. Es uno de los mejores juegos de todos los tiempos, sin ninguna duda.Y por supuesto tenía que ser de Sega, que es una de las poquísimas empresas que han trascendido la categoría de “videojuego” y alcanzado la de “obra de arte” en más de una ocasión.Un juego irrepetible.

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