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Ya estoy de vuelta (a la espera de un nuevo rediseño a la altura del anterior, obra de mi buen amigo DannySP). Ha sido una ausencia prolongada, incierta y de mucho ajetreo. Aquí donde me véis terminé encontrando trabajo como director de un periódico industrial. Y claro, no he tenido más remedio que dejar aparcados algunos proyectos. Unos por obligación, ya que NMagazine terminó sucumbiendo ante la nula atención mostrada por Nintendo España y otros por necesidad, como este blog, el cual he dejado de lado para centrarme en mis nuevas obligaciones laborales.

Y aún así este “viejo” periodista (que en este lapso de tiempo ha cumplido ya 23 años), no se da por vencido y sigue luchando por hacerse un hueco en el periodismo consolero español. Por eso yo y otros tantos de los que conformábamos el staff de NMagazine, nos hemos puesto manos a la obra con un nuevo proyecto: XBMagazine, una nueva revista digital centrada esta vez en la consola de Microsoft y partiendo de unos cimientos estables de los que carecía nuestra anterior aventura periódica.

Durante mis dos meses de ausencia, eso sí, no he dejado de lado nuestra afición por el ocio electrónico. El nintendero que había sido toda la vida y que empezó a morir paulatinamente con la compra de mi primera Xbox, terminó adquiriendo la bestia negra de Sony hace apenas un mes, con lo cual mi salón ya es oficialmente lo más parecido a la sección de videojuegos de cualquier GAME. Tengo en mi poder todos los sistemas actuales y, aunque está claro que tengo mis predilectos, lo cierto es que cada vez más termina uno por darse cuenta de que los fanatismos no hacen sino cegar la objetividad de todo buen profesional de la comunicación que quiera llamarse a sí mismo ”periodista del videojuego”. Y si digo esto es porque ese fanatismo cegador fue el que, de niño, hizo que me perdiese grandes joyas que recorrieron los circuitos de sistemas tan meritorios como PSX o PS2.

En este sentido, adquirir una PS3 junto con Metal Gear Solid 4, uno de los mejores juegos de toda la historia, un ejemplo de la importancia narrativa en los videojuegos, de la capacidad que éstos tienen para tansmitir al jugador sensaciones que ya quisieran el resto de formas de entretenimiento; me abrió los ojos y me hizo comprender que, si alguna vez quería llamarme jugador, tenía que serlo con todas las consecuencias.

Tenía que haber jugado a grandes joyas como ICO, Zone of The Enders, Metal Gear Solid 3, Vib Ribbon, D o Yakuza (del que hablaré largo y tendido en breve). Así que lo hice, un mes después de traer el tercer sistema de sobremesa de Sony a casa (que quizá me haya decepcionado en lo jugable, pero no en sus funcionalidades como centro multimedia), me decidí por adquirir una Playstation 2, sistema al que tantos improperios dediqué en su día por lo zafio de la mayor parte de su catálogo y por promover la piratería en la industria como ningún otro sistema.

Claro, por aquel entonces también era consciente de que, por mucho que criticase a la negra de Sony, lo cierto es que no podía estar más equivocado cuando intentaba convencerme de que “no necesito Final Fantasys, grandes turismos, ni derrotar colosos en épicos combates… con Mario y Link me sobra”.

Y así, el Nintendero que con 8 años le dijo a su abuela aquello de ‘‘Ya puedo morir tranquilo”, el día en que ésta le regaló su primera GameBoy ”tocho”; acogió en su seno a las xboxes (360 sería para mí la segunda mejor conola que he tenido después de la gran Dreamcast) y posteriormente a las señoritas Playstations, que en otro tiempo habían simbolizado para mí el eje del mal diabólico orquestado por Sony para contaminar la industria con plagios y títulos mediocres en formato ilegal.

Como se suele decir, ”todo cambia”. Hoy es Nintendo la que nos decepciona con juegos insulsos y Sony la que se esfuerza en hacer bien las cosas con joyas como Uncharted, MGS4 o KillZone2… Y digo se esfuerza porque, por increíble que parezca (”todo cambia”), la nipona se las está viendo y deseando para conseguir recuperar la supremacía de la que ha gozado durante la última década. Al final tito Bill ha conseguido plantarle cara y su 360, aún con luces rojas y todo, se postula como uno de los sistemas más envidiables de la historia en catálogo y comunidad online.

Dicúlpenme el tochazo, pero es que el videojugador ha vuelto para abrir su diario…

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