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El pasado sábado me agencié una copia de Resident Evil 5. Ya sé que muchos os echaréis las manos a la cabeza por no haberle echado el guante el mismo día de su lanzamiento pero ni la economía ni el tiempo libre me iban muy acordes a ello.

Sea como fuere, lo cierto es que inserté el disco en mi 360 con poca convicción de salir satisfecho con mi adquisición (sobre todo después de una demo regulera, la inclusión casi forzada del juego a dos personajes y algunos trailers bastante dudosos): ya me habían advertido que este ”nuevo” Resident era casi una expansión de la cuarta entrega y que casi todo se limitaba al disparo frenético y continuado con algún puzzle enquencle de por medio. Y tengo que decir que no se equivocaban lo más mínimo al valorarlo así.

La cuestión reside en que son esas premisas las que hacen que A-M-E a RE:5. Moralmente, como siempre he hecho de cara a la galería, me opongo rotundamente al giro de tuerca que Capcom ha dado a su saga por antonomasia con permiso de Street Fighter. Pero, como digo, la realidad es bien distinta. Porque este nuevo estilo iniciado por los disparos de Leon S. Kennedy, me mola. Y mucho. Es más, el arcaico sistema jugable que sentó las bases de Biohazard siempre me provocó hurticaria, algo que de haberlo confesado en aquel tiempo me habría servido para perder muchas amistades del mundillo. Y es que yo, aborrecedor confeso de los picos de dificultad, no podía dejar de sentir que la muerte me acechaba desde el minuto 1 en cualquiera de los Resident Evil Clásicos, cuya tensión constante (provocada por su vetusto control más que por otra cosa) me sacaba de quicio hasta el punto de nunca haber podido avanzar más de unas cuantas horas, cuando la escasez de munición y cintas de máquina de escribir era proporcionalmente inversa al número de zombies color rojo pasión que pululaban por los pasillos de la mansión.

Así que cuando llegó RE4 (que adquirí más por sus asombrosos gráficos que por otro motivo), me encontré con un juego radicalmente distinto sí, pero mucho más amigable a mis gustos, por lo que RE5, como fiel seguidor de sus pasos, me está resultando muy entretenido, gráficamente brutal (¿quién dijo Killzone 2? ejem…) y lo más importante: muy sincero en su intento de dar un poco de congruencia a la historia general de una saga que ha ido dando tumbos de guionista en guionista, hasta el punto de parecerse a la última locura narrativa de J.J. Abrams, donde el argumento es lo más parecido a un rompecabezas imposible por definición.

Pues lo dicho: Resident Evil 5 me apasiona y no soy el único, por mucho que la hipocresía lleve a un nutrido grupo de jugadores a defender la postura más “culta” videojueguilmente hablando: criticar toda saga que haya perdido sus bases en pos de otras más acordes a los gustos y tiempos que corren.

Pero así es también la vida, defendemos ideales en los que no creemos simplemente porque son considerados políticamente correctos…

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