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Mi buen amigo y lector Osiris me comentaba hoy que esto no sería un blog de videojuegos mientras no se contase una de las historias más míticas del mundillo: el famoso caso de ET: El videojuego. Me extrañaría que alguno de vosotros, entendidos, lo ignorase, pero aún así os refrescaré la memoria. Total, hoy no tenía mucha idea de sobre qué escribir, así que matemos dos pájaros de un tiro: publiquemos y hagamos de este diario un blog de videojuegos a todos los oficiosos efectos.

En el año 1982 y tras haber llegado a un acuerdo de más de 20 millones de dólares, la compañía ATARI consiguió los derechos para editar el videojuego de una de las películas más taquilleras y carsimáticas de todos los tiempos: ET.

Las prioridades de la compañía estaban claras, había que desarrollar el juego lo más aprisa que se pudiese, puesto que las navidades estaban a la vuelta de la esquina y además de todos es sabido que los juegos basados en películas, por lo general, venden mejor cuanta mayor cercania existe entre su comercialización y el estreno de la cinta en las pantallas.

Las prisas no son buenas consejeras suele decirse. Y en este caso el refrán se cumplió a rajatabla. El juego resultante fue un entramado de pixeles mal dispuestos por la pantalla, totalmente aburrido, injugable… No es de extrañar que muchos, por no decir toda la industria, consideren a ET: El videojuego como el peor de todos los tiempos, motivo por el que desde entonces todos los juegos basados en películas nos huelen a chamusquina.

Confiada de que el juego se vendería como rosquillas, ATARI fabricó cinco millones de cartuchos, sin embargo, la mayor parte de esa cantidad fue devuelta a sus almacenes. No fueron pocos los que, después de adquirir el juego corrían a la tienda a devolverlo de inmediato al sentirse estafados con razón.

Ante tal panorama (5 millones de cartuchos apilados en sus fábricas y millones y millones de dólares en pérdidas), ATARI decidió ”quitarse el muerto de encima” y transportar todos los juegos al desierto de Nuevo Méjico, donde los sepultaron bajo toneladas de arena.

Este es pues el mayor fiasco jugable de la historia. Tanto que la posesión del susodicho cartucho hoy día es toda una rareza digna de alabanza. Conocedores de esta historia, no han sido pocos los jugadores que se han marchado a Nuevo Méjico con una pala a cuestas dispuestos a desenterrar los juegos estuviesen donde estuviesen. Sin embargo, lo que estos intrépidos no sabían era que los juegos no sólo habían sido enterrados bajo la arena sino previamente aplastados y cubiertos con hormigón.

Algún día os hablaré de otro célebre caso: Superman 64, pero mientras aquí os dejo un vídeo musical de esta historia, y el anuncio de televisión del año 82 en que ATARI promocionó orgullosa el que desde entonces es considerado mayor insulto videojugable de la historia.

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