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Sí, merezco que me abofeteen por ese juego de palabras tan cogido con pinzas del título de entrada pero todos tenemos nuestros días faltos de inspiración. De lo que vengo a hablar no es sino de un cambio de tendencia que cada vez cobra más peso en la industria.

Hasta hace no poco la tónica general era que los desarrolladores trabajasen a marchas forzadas para lanzar sus juegos en tiempos record, lo que daba lugar a productos de paupérrima calidad que decepcionaban a sus compradores sobremanera. Sin embargo, esas prisas por poner los juegos en la calle parecen haber ido diluyéndose y únicamente se mantienen para aquellos títulos basados en películas o similares (que por exigencias de mercado deben salir a la venta simultáneamente).

Ahora lo que predominan son los constantes retrasos. Es obvio que los juegos cada vez requieren desarrollos más largos por su también progesiva complejidad a todos los niveles, lo que provoca que los usuarios tengamos que esperar perfectamente hasta tres años para poder catar el triple A de turno. Esto en el caso de aquellos títulos que se retrasan por motivos puramente perfeccionistas, para que vean la luz cual obras maestras a idolatrar sin ningún fleco suelto. A esta tipología de retraso la llamaremos: RETRASO PROQUALITAS o benigno.

Pero no nos engañemos: desarrolladoras y distribuidoras realmente implicadas y preocupadas por la calidad de sus productos hay pocas. Así que los retrasos mayoritarios obedecen a otro tipo de intereses: los económicos. Concretamente el temor a que un desarrollo costoso y prolongado se traduzca en pérdidas en lugar de ganancias al no poder destacar convenientemente en un mercado saturado de títulos (a cada cual más mediático). Estos RETRASOS PRODÓLAR o malignos son por tanto la tónica dominante de nuestros días.

Así, las prisas en los procesos de desarrollo y comercialización han cesado por norma general pero no por los motivos que a todo buen jugón nos gustarían: la mejora cualitativa del producto por el que vamos a invertir unos 60 euros de media; sino por temor a la cada vez mayor competencia de mercado que hace coincidir en fechas clave a grandes títulos que, solapándose unos a otros, empiezan a perder fulgor a ojos vista de los compradores más inexpertos.

Para que quede constancia de la pandemia de este virus (retraso prodólar como principal síntoma), aquí una lista de los grandes juegazos que esperábamos para estas navidades y que finalmente se van a 2010 no para ser mejorados (muchos de ellos ya están incluso acabados), sino para asegurarse vender más:

  • Bioshock 2
  • Heavy Rain
  • Singularity
  • Bayonetta
  • M.A.G.
  • Alien: Colonial Marines
  • Mafia II
  • Splatterhouse
  • Starcraft 2
  • Max Payne 3
  • Red Dead Redeptiom
  • R.U.S.E.
  • I Am Alive
  • Dead to Rights: Retribution
Y cada día uno más a sumar a la lista. La pregunta que nos queda entonces es: ¿a qué vamos a jugar estas navidades si parece que ningún triple A oteará las estanterías? Mi opinión es que todos estos juegos de primer nivel marchan de “guatemala” (navidades 2009) a “guatepeor” (comienzos de 2010), donde nuevamente volverán a coincidir… y a retrasarse, lo que provocará un bucle infinito en el espacio-tiempo del que nunca lograremos salir. Amigos, de ser así el mercado del videojuego acaba de morir para siempre cual mínimo rastro de coherencia en el argumento de LOST -risas enlatadas aquí-.
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