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Nos enterábamos la semana pasada de la desaparición del símbolo por excelencia de todo nintendero. No, no me refiero a Mario, sino al Nintendo Seal of Quality, ese dorado sello que llevaba implícita toda una filosofía que en los últimos años la gran N ha ido pisoteando sin compasión.

Si recordáis, las críticas primigenias de la competencia a Nintendo se podían resumir básicamente en ”sus juegos son para niños” y ”sus consolas apenas si tienen software”. Y puede que fuese cierto, el número de lanzamientos para los sistemas de Nintendo no era tan elevado como en las máquinas de Sega, Sony o Microsoft, pero sí que se caracterizaban todos ellos por algo: la calidad.

Ps2 era cantidad y Gamecube calidad. Eso nadie puede dudarlo si olvidamos fanatismos y abrazamos la objetividad. Y esa calidad se debía en gran medida a la restrictiva política que los de Kyoto aplicaban a cada nuevo proyecto que les ponían sobre la mesa y que echaba para atrás a la mayoría de ellos, los cuales terminaban pasando sin pena ni gloria por las máquinas de la competencia. A todos esos juegos aprobados se les adjudicaba entonces el preciado sello ”Nintendo Seal of Quality” que ha estado apareciendo en las cajas y carátulas de nuestros títulos favoritos desde NES hasta Wii.

Sin embargo, en el empeño de Nintendo por demostrar que sus juegos no son únicamente cosa de críos (sino de padres y abuelos también), ésta fue dejando de lado el otro factor: el de la cantidad asociada a la calidad, con lo cual, nacidas Wii y DS, ninguna otra compañía ha podido usar desde entonces el arma arrojadiza de ”pero hay que ver que catálogo más raquítico me llevas”.

No es de extrañar pues que de la abultada actual cartera de títulos de Wii y DS no necesitemos más que los dedos de ambas manos para contar aquellos considerados ”imprescindibles” u ”obras maestras”. Ir a cualquier tienda especializada, mirar el estante de Wii y DS y echarse a llorar han sido todo uno en los últimos años, más cuando uno veía ese Seal of Quality anclado a la carátula de ”joyas” como ”Ninja Galleta Man” o ”Imagina ser la úndecima madre soltera en la cola de la pescadería del barrio de la casa de tus padres donde vives porque la economía está muy mal y encontrar trabajo es toda una odisea”. Sí, amigos, Nintendo se ha pasado a la cantidad y ha despreciado a la calidad y es por ello que el NSofQ ya no tiene sentido.

Por ello mismo se ha anunciado su desaparición, creando en su lugar un nuevo órgano de testeo y aprobación denominado Mario Club. Es decir, una rama de la empresa que hará lo mismo que la anterior sólo que con un nombre distinto. ¿Por qué? Pues sencillamente porque los que ponían el sello llevaban a cabo una labor que no hacía honor a su nombre: la Quality en los juegos aprobados era totalmente inexistente.

Y mi sospecha, queridos amigos, es que el causante de todo esto es Homer Simpson, que debió ser contratado para tal puesto y luego terminó argumentando aquello de “-Me dejaban firmar con su sello Marge… ¡con un sello!

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