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Para ser sincero esperaba con más ansias el retorno a Rapture antes de que se empezasen a conocer los primeros datos de su secuela. La primera decepción llegó al saber que no se trataría de una precuela, lo que arrojaba serias dudas sobre un argumento que parecía no tener nada más relevante que contar a posteriori. El que nuestro personaje fuese un Big Daddy tampoco contribuía a despejar las sospechas de que nos encontraríamos de bruces con una secuela excusa.

Completada la campaña, tengo que reconocer que han conseguido mitigar dichas dudas, pero no tanto como para restarles evidencia. Y es que Bioshock 2 es uno de esos muy buenos títulos cuyos méritos quedan empequeñecidos por la sombra de quien le precedió: una primera entrega que consiguió dar vida al género del shoot’em up como ningún otro título lo había hecho hasta entonces.

El juego nos mete en el traje de uno de los Big Daddy primigenios, menos robustos en apariencia que aquellos a los que tuvimos que hacer frente en 2007. El argumento se basa en la conexión vital que nos une con nuestra propia Litte Sister, Eleanor, quien se encuentra bajo la tutela de Sophia Lamb, némesis y archienemiga del carismático padre de Rapture, Andrew Ryan. Nuestra vida depende de que podamos reencontrarnos con nuestra pequeña, algo a lo que Lamb se opondrá con toda su virulencia enconando a hordas de Splicers a base de speeches que también nos irán desgranando el subtexto del juego.

Así, conoceremos la cara y la cruz de una Rapture que desde la perspectiva de Ryan debía ser cuna del individualismo y desde la de Lamb culmen del sentimiento comunitario. Veremos pues el vaivén moral de la ciudad y su más prominente caída a todos los niveles. Todo ello, que bien pudiera antojarse suficiente para configurar un argumento sostenido en todo momento, comienza a decaer a las pocas fases, justo cuando tomamos constancia de que esta “ruta del vagón” por la polis sumergida de la mano del confidente Sinclair avanza a paso de tortuga para concretarse únicamente al final de trayecto, cuando en términos de trama el juego parece despegar levemente.

Podemos afirmar así que la excusa propuesta a modo de hilo narrativo es buena pero su ejecución es lenta en exceso y su conclusión emocionante pero poco sorprendente. Olvidáos de aquel primer Bioshock que nos mantenía en vilo a cada paso, cuyo giro argumental (de género) nos dejó sin respiración, nada de eso encontraremos aquí, en un argumento meramente contextual, satisfactorio y agradable, por lo familiar, para aquellos que aborden esta segunda parte desde el buen sabor de boca dejado por la primera.

Y a la falta de chispa argumental, pronto se une la monotonía en la mecánica de avance a través de las fases: normalmente todo consiste en tomar un tren rumbo a la siguiente zona en la que localizar al jefe de turno previa salvación o recolección de varias Little Sisters (aniquilando Big Daddys y acopiándonos de todo el ADAM posible por el camino) para terminar enfrentándonos a una de las “originales” incorporaciones al elenco: las Big Sisters. Así una y otra vez en un proceso que no llega a hacerse tan tedioso como la primera aventura de Altair por lo bien personalizados que se encuentra dichos jefes, cada uno de ellos un complejo dilema moral en sí mismos.

Por suerte, como ya se ha apuntado ligeramente, al final de la aventura dicha monotonía se desvanece por completo y el juego consigue emocionarnos por momentos gracias al frenetismo escénico que envuelve a la conclusión de la campaña. Frenetismo que viene dado por el deseo de alcanzar un climax totalmente incierto que, como es evidente, no puedo detallar.

Hasta el momento todo parecen contras, pero ahora toca justificar los siete puntos y medio que le otorgan cada una de sus virtudes, que también las hay. Porque independientemente de una mecánica un tanto repetitiva y un argumento salvado por la última campana, nos encontramos ante un título con muchos enteros (que relucen aún más si nos quitamos a la primera parte de la mente).

Ante todo Bioshock 2 es mucho más shooter que su homónimo anterior y, como tal, destaca muy especialmente entre los representantes de su saturado género. Se ha mejorado enormemente el sistema de combate, ahora podremos usar plásmidos y armas al mismo tiempo, todo ha ganado en fluidez y la IA de los enemigos ha dado un estirón muy importante que agradecerán los amantes de dificultades elevadas, especialmente en los enfrentamientos contra Brutos, Big Daddys y Big Sisters. Contaremos con muchos más tónicos y con un armamento muy amplio donde serán los distintos tipos de munición los que marquen nuestras estrategias en los abundantes combates (entre los que destacan la defensa de nuestras Sisters en su tarea de recolección del ADAM).

Cuando no estemos combatiendo, nos dedicaremos a piratear máquinas expendedoras o torretas defensivas que se pongan de nuestro lado así como a revisar cada palmo de los bellos escenarios en busca de las grabaciones que terminen de desentrañar la trama a través de la psicología de las atormentadas almas de Rapture.

Los escenarios son hermosos sí, pero nos son demasiado familiares entre sí. Y es que se echa en falta la variedad entre fases del anterior juego (claro que entonces todo nos era nuevo y sorprendente). Así, la sensación de que estamos recorriendo el mismo entorno con ligeros retoques fase a fase se hace más evidente de lo que nos gustaría, pero es algo que consigue salvar la magistral dirección artística del proyecto.

El empleo del Unreal 3 sigue siendo excelente, configurándose un apartado gráfico tan excepcional como el de hace tres años. Muchos criticarán que no se haya mejorado, pero es que hablamos del soporte visual de un juego que cosechó dieces por doquier y ya se sabe, si algo funciona… Por ello es admirable que los gráficos de este Bioshock 2 nos sigan maravillando tiempo después.

El doblaje y la banda sonora, sobresalientes, siendo éstos dos de los puntos que más definen la identidad personal e intransferible de Bioshock junto con el incomparable marco en el que tiene lugar. La formidable ambientación que conjugan los gritos de los splicers, las locuciones narrativas y esa “deliciosa” música tan apetecible de escuchar son difícilmente batibles por cualquier otro título que quiera presumir de atmósfera.

Elogios también para un multijugador que cumple con creces (más teniendo en cuenta su desarrollo por un estudio distinto al del modo principal) especialmente por contar con su propia narrativa y un amplio abanico de modalidades ya típicas en esta vertiente de juego. La ausencia de servidores dedicados, sin embargo, supone un lastre importante.

Bioshock 2 es pues un shooter excelente en su forma pero deficitario en su contenido respecto a lo que nos ofreció la primera parte. El argumento ha perdido esos giros que nos hacían sentirnos a su merced y se sostiene gracias a su tramo final.

Lo monótono que se nos antoje el paseo por la aventura dependerá pues de nuestro grado de afición al género shooter, faceta que en esta segunda entrega se ha perfeccionado otorgándonos enfrentamientos mucho más directos y entretenidos que serán los que guíen el juego por encima de la trama. Así, si no gustamos especialmente de los combates, Bioshock 2 se antoja una sucesión de paseos y disparos que disfrutaremos tanto como enamorados estemos del submundo de Rapture, sus historias y sus gentes, algo nada difícil.

7.5/10

Publicado en Ecetia.com

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