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No me gusta jugar online. Con amigos pase pero acribillar con la ametralladora a Klaus, John y Yoshiro no tiene para mí ningún tipo de aliciente. Mis sesiones de juego online no han sido en efecto nada satisfactorias porque no termino de encontrarle el gustillo a eso de pelear o cooperar con alguien a quien no conoces de nada.

Prefiero las partidas multijugador a la vieja usanza: disfruto enormemente invitando a los amigos a casa, sacando las cervezas de la nevera y colocando un buen bol de patatas fritas en el centro de la mesa. Los mandos dispuestos y una pila de juegos lista para ser degustada de principio a fin. Las risas, los piques, el cara a cara son cosas que la experiencia online jamás podrá aportarnos por mucho que hayan avanzado los sistemas de videoconferencia.

No niego, sin embargo, que el juego online es ya un nuevo punto y aparte en la industria y que su consolidación está fuera de toda duda. A estas alturas nadie concibe un título carecente de funcionalidades en red y existen juegos más deseados por sus modalidades multijugador online que por sus campañas, breves en exceso por saberse secundarias frente a las cientos, miles de horas que el usuario pasará inmerso en batallas campales contra medio mundo.

Con estos párrafos me gustaría reivindicar esas adictivas reuniones de salón con los colegas (ya casi extintas de no ser por el afán socializador y extenuante de Wii) así como la importancia de los modos individuales en determinados géneros cuyos desarrollos parecen cada vez más centrados en el ámbito multijugador. Shooters enfocados a la experiencia monojugador quedan pocos, cierto es que la causalidad recae en los propios usuarios, que parecen haber olvidado una de las grandes bazas de todo shoot’em up: su capacidad de inmersión, que no sólo nos permite vivir más intensamente el cruce de balas contra el asiático de turno sino también esas solitarias experiencias narrativas en las que sólo somos nosotros contra el propio juego, nada más. ¿O acaso Bioshock no hubiese sido un título completamente diferente -para peor- de haber cambiado la primera por tercera persona?

Hacéos esta pregunta: ¿cuántas campañas triple A no van más allá de las 6 horas justificándose en el gran número de modalidades online incluídas en el juego? ¿Y si a un jugador sólo le interesan dichas campañas? Parece obvio que para esta tipología de jugón desembolsar $59€ por tan escasa duración no es una opción muy apetecible. Usuario que también se siente abandonado en el ámbito del DLC, inundado por mapas multijugador y excluyendo cada vez en mayor medida los añadidos para la modalidad historia de turno.

Así que no, no me gusta jugar online. Prefiero los videojuegos vividos como experiencia individual, no soporto que determinados géneros sean ya prácticamente multijugador por sí mismos y, si de jugar acompañado se trata, siempre optaré por tener a mis amigos al lado y no vía headset.

No a la exclusión del videojugador offline, que lo cortés (potenciar las modalidades online en cada nuevo desarrollo) no quita lo valiente (seguir ofreciendo tan cuidadas como extensas experiencias para un sólo jugador).

Publicado en Ecetia.com

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