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Nunca he sido muy amigo de la dificultad, tengo que reconocerlo. Tal vez por eso nunca me han caído demasiado bien esos grandes clásicos de complejidad endiablada que lo hacen a uno sentirse inútil, cabrearse en grado sumo y proferir todo tipo de improperios acompañados de lanzamiento de mando contra el suelo.

Con el tiempo dicha dificultad ha ido rebajándose, gracias en parte a los selectores iniciales que los juegos suelen incluir y que permiten a cada cual disfrutar del título de la forma que prefiera. Atrás quedó la tónica general que dictaba juegos en los que avanzar más de dos minutos sin ver un Game Over en pantalla era del todo imposible. Aventuras en las que los puntos de salvado no existían y que nos obligaban a dejar pausado nuestro recorrido durante días para no tener que volver a sufrir el martirio que nos había supuesto llegar a los últimos niveles.

Lo que no termino de entender es porqué la carencia de dificultad está tan mal vista en nuestra comunidad. Más aún, encuentro totalmente incoherente la correlación que en los últimos tiempos se está haciendo entre títulos casuales y ausencia de dificultad, dejando que ésta sea cuestión únicamente de los juegos que queremos considerar hardcore. De hecho, se está prodigando mucho la idea de que para que un juego sea considerado apto por los jugones más entendidos éste tiene que suponer todo un reto para el usuario. No puedo estar más en desacuerdo.

Puede que los primeros juegos, aquellos que consideramos pilares de nuestra industria, se caracterizasen por su facilidad para hacernos sudar tinta pero ello no debe entenderse como parte esencial del término “videojuego” que, como tantos otros, ha ido evolucionando hasta una perspectiva mucho más amplia. Quiero decir, un juego casual no tiene porqué resultar sencillo en exceso ni un juego hardcore frustrarte desde el minuto uno (esto presuponiendo que tengamos que aceptar también tan radical distinción entre títulos).

Echemos un vistazo a Heavy Rain por ejemplo ¿podemos decir que sea un juego complicado? No. De hecho el fin de partida es el propio final del juego y no por ello nos resulta más casual, endeble o menos divertido o placentero que un Bayonetta jugado en dificultad suma, algo en lo que, como digo, no me embarcaría en absoluto. Y es que en aquella dificultad donde muchos ven diversión yo veo desquicio. Si puedo escoger dificultad siempre suelo irme al modo fácil, algo que muchas veces se critica por parte de aquellos que buscan en los juegos retos, desafíos. ¿Qué pasa con los que jugamos por la experiencia en sí misma independientemente de lo sudado que dejemos el mando al final de la partida?

No hay pues mejor o peor manera de jugar a un título. No se es más jugón que otro por poder sobrevivir al modo locura del título más “chungo” del momento y tampoco debe darse por sentado que un juego difícil sea un juego bueno: hay ejemplos a patadas, máxime cuando en ocasiones la dificultad no es fruto del gameplaysino de desarrollos desastrosos que culminan en niveles repletos de bugs que terminan siendo el verdadero rival a batir.

El concepto de videojuego ya no es unilateral más que en un sentido: todo juego debe ser capaz de proporcionarnos diversión y cada cual la encuentra en un sitio diferente; unos en la exigencia extrema del último Megaman y otros en ese paseo narrativo llamado Heavy Rain o en un puzzle de sencillez solo comparable a su adicción.

Publicado en Ecetia.com

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