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Dicen que rectificar es de sabios y elGobierno de Obama ha querido serlo. Puede que el Presidente de losEstados Unidos comenzase su mandato promocionando indirectamente a la blanca de sobremesa de Nintendo, pero en sucesivas declaraciones no tardó en demostrar su enemistamiento con las distintas formas del ocio electrónico.

Las consolas, al igual que Internet o la televisión, fueron vapuleadas por Obama, quien las presentaba como instrumentos asocializadores cuyo abuso por parte de los hijos está directamente relacionado con la desatención de sus padres. Puede que tuviese razón en parte, pero no en la forma drástica con la que instaba a desenchufar estos aparatos y lanzarlos por el balcón en pos de otras actividades.

Padres jugando junto a sus hijos. Seleccionando aquellos títulos a los que dedican sus horas, racionalizándolas. He ahí una solución totalmente válida que el mandamás no tuvo en cuenta.

En intervenciones posteriores, el Presidente se refirió a los videojuegos como barreras de aprendizaje. Tiempo pasado a los mandos de una Xbox es tiempo perdido parecía querer decir. Tiempo durante el que no se aprende nada, tiempo que hay que reducir a toda costa.

Sumemos a ésto el ataque directo que la Primera Dama, Michelle Obama, lanzó contra otro sistema: laPlaystation de Sony, que figuró como uno de los factores determinantes para la obesidad infantil en un programa de concienciación que, mire usted por dónde, recibió el nombre de Let’s MOVE.

Así que Obama tiene una Wii en su salón pero los videojuegos son asocializadores, crean analfabetos y engordan a nuestros hijos. ¿Soy el único que nota la incoherencia? Espero que no. Al menos ha habido otro que sí lo ha hecho: el propio Obama.

Eso de atacar a unas de las formas de entretenimiento predilectas del americano medio no debía estar dando mucho resultado así que el dirigente ha tenido la “original” idea de darle la vuelta a su discurso: los videojuegos también pueden servir para educar.

Con el objetivo de difundir este nuevo mensaje, Obama ha anunciado el National STEM Video Game Challenge, un concurso que pretende motivar a los niños en disciplinas como la tecnología, la ciencia, la ingeniería o las matemáticas a través de los videojuegos.

El concurso, organizado por el Joan Ganz Cooney Center, E-Line Media, la ESA, Microsoft y AMD, consta de dos competiciones: el Premio Joven, dirigido a aquellos escolares que se sientan capaces de diseñar su propio videojuego y el Premio al Desarrollador, en el que programadores de todo el país creen sus propios títulos educativos.

Los videojuegos ya no son por tanto un vicio innecesario sino una pieza clave no sólo para la educación infantil sino también para el reforzamiento del liderazgo estadounidense como nación “pionera del descubrimiento y la innovación”.

A ver cuanto tiempo tarda el afroamericano en cambiar su discurso…

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