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Para todo hay una primera vez. También en videojuegos. Hoy quiero compartir con vosotros mis muchas primeras veces dentro de esta afición. Momentos que quedan grabados a fuego en nuestra mente en forma de carátulas, fases, melodías, de frustraciones y sonrisas cómplices con el segundo jugador, incluso de llanto.Estas fueron mis primeras veces que… con un videojuego.

… lloré

Shenmue (Dreamcast)

Este estaba cantado. Si habéis seguido mi trayectoria en Ecetia seguramente sabréis, porque así lo he comentadoen más de una ocasión, que Shenmuees mi saga predilecta y que no me avergüenzo al confesar que me hizo llorar como a un niño. No hablamos de un llanto a moco tendido sino de esa lágrima que te resbala en la cara tímidamente, casi sin que te des cuenta, que quizá sea más valiosa si cabe.

Ryo Hazuki y su búsqueda de venganza me conmovieron como pocos títulos. Aquella escena incial fue haciéndose cada vez más emotiva conforme acumulaba horas de juego en las que se insertaban un sinfin de secuencias. Ryo de niño junto a su padre, la preocupación de Ine-san por nuestro futuro o el rescate de la bellaNozomi terminaron haciendo demasiado pesada la losa emocional.

Lágrimas. No sólo por aquella maravillosa obra de Yu suzuki, sino también por saber que porbablemente nunca llegue a su fin.

… reí a carcajadas

Paper Mario: La Puerta Milenaria (Nintendo Gamecube)

Paper Mario llegó a mi colección de forma inesperada. No tenía demasiado interés por él pero terminé jugándolo tal vez por la escasez de títulos ya habitual en mi tienda de barrio. Sorpresa doblemente mayúscula al descubrir uno de los juegos más divertidos de cuantos hayan pasado por mis manos.

El guión era un auténtico disparate cargado de referencias consoleras y todos y cada uno de sus personajes rebosaban desparpajo. Tal vez fue el primer juego en que los enemigos daban risa no por su debilidad, sino por el sentido del humor con el que arengaban en nuestra contra.

Si de reirse se trata, esta saga no os desfraudará: el resto de sus entregas (Super Paper Mario inclúido) son igual de desternillantes.

… pasé la noche en vela

Ninja Gaiden (NES)

Al contrario de lo que pueda parecer, no pasé la noche en vela por lo adictivo (que también) sino por el inconveniente de aquellos primeros juegos que no entendían el concepto de salvar partida (ni siquiera el depassword).

En un juego tan complicado como éste, que no entra dentro de la siguiente categoría porque tirar mi NES al suelo ni se me pasaba por la cabeza (muchas súplicas me costó conseguirla) el tener que comenzar desde cero al apagar la consola era todo un suplicio. Así, llegado al tramo final del juego me propuse terminarlo costase lo que costase.

Cierto es que a un tirón vista el título no era precisamente largo, pero aquel chaval de 7 años acojonado literalmente a cada nuevo salto y enemigo hizo un uso demasiado reiterado del botón pause. Así era como me iba concentrando antes de cada “monstruo” final o descansaba un poco entre fase y fase.

Por si os lo preguntáis: sí, en cuanto mis progenitores se enteraron me cayó un buen castigo.

… tiré la consola al suelo de la frustración

Cool World (Game Boy)

Me alegré mucho de la robustez de mi Game Boy “tocho” fruto de este incidente. Yo era un niño de 8 años con poco dinero para gastar y Cool World (adaptación al videojuego de la película homónima de 1992) era el título más barato de la tienda. Dicho y hecho, se vino para casa.

Diez minutos después ese mismo niño encolerizaba con una mecánica que ni siquiera terminaba de comprender. Llegué a pasar horas y horas enfrascado en la primera fase sin tener ni idea de qué tenía que hacer y el manual de instrucciones no ofrecía respuesta alguna.

Al final, harto, ocurrió lo inevitable: una Game Boy magullada pero sin defectos evidentes era recogida del suelo tras haber sido lanzada con ímpetu en dirección a ningún lugar concreto.

… jugué con mi abuela

Brain Trainning (Nintendo DS)

Eran los comienzos deNintendo DS, por aquel entonces aún me encontraba muy ilusionado con la máquina y compraba todos los títulos casuales que aparecían (porque aún ni siquiera se había creado la categoría).

Recuerdo que fue ahí, conBrain Trainning, cuando fui consciente de lo que Nintendo estaba haciendo: había abierto un mercado hasta ahora inaccesible a muchos sectores sociales.

Mi abuela, que siempre había vociferado aquel “desenchufa la máquina esa de mi televisor que lo vas a estropear” estaba allí, con una consola en las manos, sonriendo. Nunca olvidaré ese momento.

… conté los días hasta un lanzamiento

Game Boy Advance

Hasta cierta edad los videojuegos que me llegaban lo hacían por una única vía: la del regalo. Pero llegada la adolescencia y comenzando a gestionar mis ahorros, Nintendo anunció la nueva Game Boy Advance. Mi ilusión por comprar una consola el mismo día de lanzamiento por mi cuenta era máxima.

La espera, insoportable. Las tardes eran una sucesión de horas que había que hacer correr como fuese. Y no hablemos del día en que la agencia de transporte tenía prevista la entrega del ansiado paquete: mirar por la ventana, eso fue todo lo que hice aquel día.

La consola llegó 48 horas después, no digo más.

… me arrepentí de mi compra

N-Gage

Muy ilusionado me hice con aquel híbrido consola-teléfono móvil que terminó decepcionándome sobremanera. Más cuando al poco salió a la venta una nueva versión que mejoraba enormemente los problemas de su predecesora: necesidad de extraer la batería cada dos por tres o la ridícula forma de coger el teléfono que provocaba no pocas burlas cuando salías a la calle…

Del catálogo de juegos sólo un par merecieron la pena.

… jugué online

ChuChu Rocket (Dreamcast)

Dreamcast fue y probablemente lo será por mucho tiempo, mi consola favorita. El día en que recibí ChuChu Rocket gratis en mi buzón (SEGA lo regaló a todos los propietarios de la máquina por ser su primer juego online) me sentí un poco parte de la historia.

El juego rezumaba carisma y era adictivo a rabiar. Al no haber jugado nunca online en un PC, la sensación de competir contra un japonés desde casa fue una experiencia sin igual.

… gané una partida

Tetris (NES)

Ser jugón también es competir. Es inherente a la raza humana y por supuesto a todo buen aficionado que se precie. Aquí donde me véis no suelo ser muy ducho en los juegos por lo que darme una paliza es a lo que se resumen la mayoría de partidas que podamos jugar juntos.

Sin embargo, la primera vez que uno gana algo la euforia no puede describirse. Mi primera partida ganada fue a esa maravilla puzzle llamada Tetris, el juego que todos hemos probado en veinte mil soportes distintos y que pasen los años que pasen nunca llegará a cansarnos.

Quizás no debería decirlo pero lo haré: aquella partida la gané contra mi propia madre. Sí, eso desluce un poco la victoria…

Publicado en Ecetia.com

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