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En más de una ocasión me he preguntado el porqué de mi ocupación actual. ¿Qué me lleva a redactar diariamente sobre un sector en el que cada vez ejerzo menos como jugador?

Nunca he sido muy diestro a los mandos (quienes hayan compartido alguna partida online conmigo pueden atestiguarlo) y con el tiempo la desgana ha ido apoderándose de un jugón que antes devoraba con fruición juegos que hoy parecen cubiertos por una gruesa capa de pereza. Se equivocan pues todos aquellos que entiendan el periodismo especializado en videojuegos como una labor expresamente jugable.

Jugar, os lo aseguro, es lo último que se hace cuando uno pretende ganarse el sustento informando sobre consolas. Los comienzos siempren están marcados por recurrentes pensamientos del tipo ”voy a probar antes que nadie tal título” o ”pasarme el día jugando y que me paguen por ello, un sueño hecho realidad”. Un día te despiertas y descubres que tus prioridades han cambiado y que, salvo un par de títulos excelsos, los demás dejan de provocarte el cosquilleo de antaño.

Comienzas a descubrir que tal vez no seas ese jugador empedernido que un día creíste, que las consolas que marcaron tu infancia tal vez estuvieron allí para tapar huecos que debían llenarse por necesidad. Crisis existencial en la que llegas a preguntarte ¿acaso no me gustan los videojuegos? Justo cuando empiezan a resquebrajarse los cimientos de buena parte de tu identidad aparece Blinx en escena y aprieta el botón rewind, deja la estructura tal y como estaba en principio y pausa la acción. Nos encara y ofrece su revelación:

Lo que te ocurre, amigo mío, es simple y llanamente que tu afición por el ocio electrónico ha trascendido lo superficial. Más que jugar, lo que te motiva es toda la industria que hay detrás, la maquinaria que te permite pulsar start y embelesarte con Heavy Rain.

Sí, Blinx tiene razón. Conforme expone su discurso van agolpándose en mi cabeza infinidad de recuerdos que vuelven a dibujarme la sonrisa momentáneamente perdida: la primera entrevista a un desarrollador, mi primera feria de videojuegos, la presentación del juego en que conociste al compañero que hoy es gran amigo… Es entonces cuando me doy cuenta de que no podría vivir un sólo día sin acceder a mis fuentes habituales y descubrir el último cruce de declaraciones, ese último y hypeante rumor que hace arder los foros o el trailer de turno que visionas una y otra vez en busca de algo que destacar frente al medio rival.

Consagrarse a la información sobre videojuegos es aceptar ser un poco menos jugón en el sentido habitual. Es convertirse en protagonista de otra clase de juego. Uno cuya realidad supera por mucho a las tres dimensiones o los sensores de movimiento. El juego en el que sólo pasamos de nivel enfrascándonos en la búsqueda de bugs, desementidos corporativos y exclusivas.

Existen muchos jugadores atípicos como yo en el mundo. Personas que sólo disfrutan de muy contados juegos pero que nunca dejan de hacerlo (disfrutar) por una sencilla razón: entre las cuatro o cinco obras maestras de turno pasamos las horas inmiscuyéndonos en una industria capaz de llevarnos hacia el muy inaccesible terreno de la certeza. En este caso la de estar haciendo exactamente aquello que nos apasiona.

Publicado en Ecetia.com

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