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L.A. Noire es uno de esos tantos Duke Nukem Forever de la vida que un buen día se hartaron de hacer de discípulos y decidieron evolucionar a algo más que tenues promesas, a ciencia cierta imposibles de cumplir. Más de cinco años de desarrollo después, la producción del australiano Team Bondi acababa viendo la luz con unas pretensiones aún grandilocuentes.

Quienes habíamos dejado de esperar nada de tan postergado proyecto (en principio exclusivo de Playstation 3) de pronto nos vimos contando los días hasta su lanzamiento. No podía ser de otra manera ante tal retahíla de vídeos. Muchos se frotaron las manos ante lo que parecía un Grand Theft Auto ambientado en los cuarenta. –El próximo sandbox estrella de Rockstar, vaticinaban no pocos medios.

Todos se equivocaron garrafalmente y aquí uno que se alegra. No de la desinformación ajena (faltaría más) sino de que la editora se arriesgue con algo diametralmente opuesto a lo que nos tiene acostumbrados. L.A. Noire es esencialmente una aventura gráfica con momentos de acción que consigue elevar el listón de la narrativa videojugable (inamovible desde Heavy Rain).

Encarnamos a Cole Phelps, héroe de guerra estadounidense ahora dedicado a hacer cumplir la ley en la majestuosa ciudad de Los Ángeles. Entremedias de los distintos casos en que se divide el juego (éstos a su vez en departamentos) numerosos flashbacks irán desgranando la trama central. Cinemáticas de cuidada factura que dejan a las claras el poderío del motor gráfico y que progresivamente irán hilvanando su narración con el presente del gameplay.

El resultado es una auténtica película noir, de climax sorprendente y atracción unívoca del jugador, al poco absorto en cada pista y comprometido por hacer cantar a cada sospechoso como si nos fuese la vida en ello.

La mecánica de juego es simple: cada caso presenta su escena del crimen particular a la que nos dirigiremos en coche. Allí buscaremos pistas, examinaremos el cadáver (si lo hubiese) y procederemos a interrogar a testigos o sospechosos que puedan haberse destapado tras el análisis en cuestión. El objetivo, claro está, desentrañar quién hizo qué, lo que no os resultará nada sencillo.

Nunca un interrogatorio virtual consiguió transmitirnos la tensión aquí plasmada. Preguntamos escogiendo interrogante en nuestro cuaderno de notas (desde él podemos seleccionar también destino, consultar evidencias, perfiles, estadísticas…) y en base a la respuesta del sujeto determinamos si nos ha dicho la verdad, si miente (a lo cual tendremos que demostrarlo con la pista de turno) o si hay razón para la duda. Tan sólo la inculpación puede deshacerse.

Tendremos que fijarnos muy bien en las caras de cada personaje, la mueca de su boca, cómo desvía o no la mirada, qué posición corporal adopta… son claves para intuir la culpabilidad. Éste es quizá el gran mérito de L.A. Noire, su Motion Scan, que permite los rostros más expresivos y realistas que hayamos visto jamás en videojuego alguno. No exagero.

Disfrutaréis como locos al poner al asesino entre la espada y la pared, os lo garantizo. Estamos ante un juego inteligente, pausado, donde escudriñar a fondo cada escenario y deliberar harto tiempo nuestra siguiente pregunta.

Muchos casos culminarán no obstante en espectaculares persecuciones en coche o a pie, momentos que aportan al desarrollo ese dinamismo que muchos puedan echar en falta. Referir también el sistema de experiencia, que eleva nuestro rango y nos premia con puntos de intuición o pista, utilísimas en los interrogatorios más avanzados.

Aquí la ciudad de Los Ángeles se convierte, más que en un campo de juegos a explorar libremente, en el escenario que contextualice y haga creíble la acción. Su recreación es exquisita (sí, la urbe real es igual de reiterativa). Los principales enclaves y calles están aquí esperando ser descubiertos (la recolección vuelve a ser clave para los amantes del 10%).

La banda sonora es poco menos que magistral y casa perfectamente con nuestros desplazamientos, articulando una atmósfera de la que cuesta sentirse ajeno, embriagadora.

A nivel técnico rechinan no obstante cuatro deficiencias: el inevitable popping (la generación actual no puede manejar tales extensiones sin un mínimo de éste) errores de sombreado inherentes a primeros planos, pocascaídas de framerate (nada exagerado) y las animaciones, que se antojan demasiado robóticas (muy especialmente durante los combates).

A este respecto decir que sí, L.A. Noire incluye 40 misiones secundarios repletas de acción pura y dura, pero todas ellas bastante simples y repetitivas. Serán el consuelo de los que se hayan acercado al juego buscando un GTA más. El control del vehículo deja también bastante que desear, pareciendo que manejásemos más un barco que un utilitario propiamente dicho.

Con todo, L.A. Noire sigue siendo un juego de primera categoría. Puede que sus instantes de acción más injustificada no estén a la altura o que existan defectos gráficos evidentes, pero el título nos hace olvidarlo todo gracias a una trama magistral, a su dinámica inteligente y reflexiva. Esta es la sorpresa más agradable de la temporada, por desgracia carne de cañón de las estanterías de segunda mano. Y es que no se trata ni mucho menos de un juego típico o que vaya a ser acogido de buen grado por todo jugón que se le acerque amparado en la R estrellada.

L.A. Noire es algo completamente distinto, una de esas experiencias que ningún jugón debería perderse, algo que hay que jugar antes de valorar.

9.2 / 10

Publicado en Ecetia.com

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