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Fui de quienes criticaron el iPad al exceso. Las tablets -aseveraba uno al borde de la ira- son un engañabobos inservible, un producto engendrado aprovechando injustificables resquicios del mercado. Cosas que tiene la vida, poco tardé en hacerme con uno de estos gadgets del mal.

A las pocas semanas entendí su verdadera utilidad. Tal vez es que, como le decía el otro día a un amigo, los usos que uno pueda darle no resultan evidentes hasta que uno ha hecho el desembolso, forzándose a sacar todo el jugo que el aparato tiene para ofrecer.

Os sorprenderá saber que uno de los usos que más he terminado dándole ha sido el que concierne directamente a este blog. En efecto, los juegos para iPad, de los que tanto se ha hablado como preocupantes rivales para el segmento portátil, me resultaron bastante más atractivos de lo que pensase en principio.

iPad 2 en las manos, mi primera elección fue Infinity Blade, al que ya había jugado alguna que otra partida en iPhone. La diferencia se me antojó abismal, sin nada que envidiar al acabado gráfico que 360 o PS3 puedan lucir en alguno de sus más rotundos títulos bajo Unreal Engine 3.

En efecto, Infinity Blade es un juego sobre raíles, donde la predeterminación es esencial para que todo brille como lo hace, pero no deja de ser meritorio que un dispositivo a priori ajeno a los videojugadores, sea capaz de atraparlos durante horas con títulos de esta clase.

Sí, habéis leído bien: horas. Porque lo que en mi smartphone apenas si me resultó curioso, en el iPad consumió mi tiempo a velocidad de vértigo. Cuando quise reparar ya había completado varias líneas de sangre, pasando entonces a la siguiente propuesta: RAGE.

La propuesta de id me resultó también impresionante, un shooter en tercera persona donde los piques por la mayor puntuación pronto consiguieron engancharme.

Y sí, ambos títulos pecan de un gameplay bastante simple, pero su engalanamiento gráfico y ciertas brillanteces de sus mecánicas le hacen a uno pensar que, si los desarrolladores se lo proponen, la tablet de Apple será capaz de acoger jugabilidades lo suficientemente profundas como para atraer al público máshardcore de la casa.

Por desgracia, la tendencia del mercado no transita por esos lares, sino por el de los pequeños desarrollos, vendidos a cascoporro bajo una premisa mínimamente atractiva.

Aquí donde me véis también he sucumbido a cosas como Angry Birds, Minigore HD y derivados. Ni siquiera un jugón de pro puede resistirse a probar aquello que ha entusiasmado a una ingente masa casual. Y al final, mire usted por donde, termina uno comprendiéndola mejor de lo que creía…

Publicado en Ecetia.com

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