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Llevaba un tiempo sospechándolo pero no ha sido hasta hoy que me he decidido a hablar, a reconocerme el desinterés por un segmento que muchos dicen está condenado a muerte. La irrupción de smartphones, tabletas y derivados, con un potencial mercado en las minucias jugables, está desvirtuando el concepto de consola portátil.

Al levantarme y ver mi 3DS sobre su base de carga me he preguntado ¿cuánto llevas sin abrirla? La respuesta, queridos amigos, os haría palidecer. Más a mi, que invertí 249€ en el aparato. Pero no, ésta no es la enésima crítica a la consola de Nintendo, sino una reflexión sobre cómo las portátiles han ido perdiendo protagonismo en mi vida ociosa.

Aún recuerdo la ilusión con la que esperé a Nintendo DS, la máquina que iba a cambiarlo todo, la que podría destruir a Nintendo o encumbrarla a lo más alto -me decía yo entonces, nintendero perdido como estaba-. Conté los días, algo que jamás he vuelto a hacer por una consola de bolsillo.

Una radiante sonrisa lucía en mi cara al salir de aquella tienda con Super Mario 64 DS bajo el brazo, luego llegarían experimentos como Nintendogs, Brain Trainning, Electroplankton… y con ellos un progresivo desencanto, en cuanto resultaban experiencias de las que uno acababa hastiado a las pocas partidas.

Cuanto más grande era el éxito de la máquina, mayor también mi abandono para con la misma. Decidí entonces darle una oportunidad a PSP, por enfocarse más bien al jugador de toda la vida. Aquello resultó unmás de lo mismo sin sentido.

Me pregunté pues si las consolas portátiles podrían aportar algo ajeno a mi experiencia de sobremesa y lo cierto es que no encontré respuesta, más allá de matizar los tiempos muertos que suelen asaltarnos a la espera del metro, algo de lo que 3DS no se muestra muy partidaria a poco que nos movamos con las 3D activas.

Tampoco quiero engañarme con Vita, que aún teniéndome fascinado, sé que al poco acabará de pisapapeles sobre mi escritorio. En cuanto uno se habitúe a esos gráficos de impresión, la consola perderá su efectismo y los juegos (seguramente conversiones mil vía PS3) dejarán de resultarme atractivos.

Crisis existencial portátil, así podría diagnosticarme. Porque ojo, los juegos móviles y derivados tampoco me atraen lo más mínimo.

¿Tiene cura lo mío? Supongo que mientras sigan lanzando versiones de ZooKeeper o Lumines (los dos juegos que más disfruté en DS y PSP) terminaré agenciándome la portátil de turno, aunque luego vuelva a convertirse en una bonita figura decorativa, de esas que atraen el polvo con una facilidad pasmosa.

Publicado en Ecetia.com

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