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Estos días la actualidad ha conjugado dos casos que me han hecho reflexionar sobre la integridad en nuestro sector. Me refiero al software, ojo, dejémonos de malentendidos. Como en cualquier otra disciplina, es tremendamente triste que una obra videojugable llegue a un mercado de forma sesgada, corrompiéndose la idea de sus responsables.

Porque sí, a estas alturas de la vida, aún existe el tijeretazo en videojuegos, algo de lo que ya se han librado la mayoría de artes salvo tristes excepciones. En sociedades libres, cultas, como las nuestras, que títulos como Deus Ex: Human Revolutiontengan que se retocados para adaptarse a la legalidad del país, me parece cuanto menos bochornoso.

Los organismos japoneses al cargo estipulan que ningún juego (ni tan siquiera los calificados para mayores de 18 años) puede contener escenas subidas de tono o en las que se aprecien los órganos genitales de alguno de sus personajes.

Human Revolution “peca” de ello, contando con varias secciones en las que podemos ver al protagonista tal y como su madre lo trajo al mundo. Así, el juego cruzará el charco sin las secuencias de turno, lo que contradice por completo el sistema de calificación mentado. ¿Qué puede tener de malo para una persona adulta (que es quien hipotéticamente va a adquirir el producto) el contemplar la desnudez de Adan Jensen?

Puritanismo japonés ante el que yo digo: si voy a jugar algo sesgado, por mínimo e insustancial que sea el recorte, prefiero importarlo y santas pascuas.

Algo parecido ocurrió aquí con Yakuza 3, que llegó sin buena parte de su contenido original, específicamente el que aludía a la gestión de clubes. SEGA se justificó aludiendo al carácter excesivamente oriental de dichas secciones, medida harto criticada por los fanáticos de la saga de Nagoshi, que fueron escuchados en la cuarta entrega Occidental (íntegra).

Puede parecer ésta una postura excesivamente purista, pero no por ello menos válida: quienes amamos esta industria queremos poder saborear sus productos tal cual fueron concebidos. Puede que la gestión de locales terminase pareciéndonos un incordio en Yakuza 4, pero ¿acaso no tenemos derecho a jugarla y valorarla?

Me viene a la mente también el caso de Manhunt 2, polémico hasta el exceso. Tras prohibiciones varias alrededor de todo el globo, el juego terminó llegándonos de forma vergonzante: toda secuencia explícita quedó emborronada, para disgusto de cuantos tenemos un mínimo de sentido común y entendemos que, por supuesto, la violencia en videojuegos dista mucho de afectar necesariamente al usuario sano.

También aquí defenderé que, para el caso, hubiese preferido la cancelación del proyecto. ¿Qué habrían pensado los alemanes si les hubiesen endosado un Gears of War con sangre verde? Pues eso, que muchos terminaron recurriendo a la importación. ¿Y qué me decís de No More Heroes y la supresión del rojo fluido en ciertos mercados?

Ejemplos se nos ocurren muchos, el último relativo a un título que me hizo disfrutar como ninguno: Heavy Rain. Ahora me entero de que los franceses van a recibir una versión light, para mayores de 16 años. A esto lo llamo yo sacrificar el alma de un producto en pos de arañar unas cuantas copias. Vergonzoso.

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