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Leo en un artículo en CNN que el 80% de los videojugadores jamás llega a ver los títulos de crédito. No por falta de respeto al equipo de desarrollo, sino porque no alcanzan a completarlos. Al momento me he sentido identificado, pensando en cuántos de los títulos que pueblan mi estantería siguen ahí, sin acabar.

Lo más preocupante es, sin embargo, el número de juegos que aún siguen precintados, a la espera de que les encuentre un hueco para poder jugarlos. Pero ésa es otra historia bien distinta. Hoy vamos a hablar de porqués: ¿por qué completamos tan escaso porcentaje de juegos? ¿si por norma el visionado de una película no se abandona hasta el fundido a negro ¿por qué no ocurre lo mismo con nuestra afición favorita?

Tal vez sea que la pasividad del audiovisual no puede competir con el videojuego o la literatura, que requiere un poco más del lector para llevar a buen término las aventuras que les propone. También podríamos estar (más probablemente) ante un defecto de forma, pues aunque la película en cuestión sea mala, ésta no nos va a robar más de 2 horas, sin embargo, si un juego nos muestra su tedio a las primeras horas, difícilmente querremos invertir una media de 6 en la campaña de turno.

Sumémosle a nuestra hipotésis las muchas carencias narrativas, la falta de originalidad… Si un jugador no es capaz de empatizar con sus personajes, si lo que se le ofrece tiene la impresión de haberlo visto mil veces ya, difícilmente quiera llegar hasta el final, máxime cuando tiene que priorizar un tiempo precioso, repartido muchas veces entre la vida laboral y familiar.

No olvidemos que el perfil del jugador tradicional ha cambiado, madurado, de tal forma que hace una década el porcentaje con que comenzábamos este post se rebajaba en un 10%.

Muchos pensaréis, no obstante, que si no se completa un juego es únicamente por su condición de bazofia. Craso error, yo mismo tengo algún triple A que me da una pereza terrible acabar. Como todo, es cuestión de gustos. El artículo de CNN pone por ejemplo a Red Dead Redemption, uno de los juegos más premiados y vendidos del pasado año, que tan sólo ha terminado uno de cada diez jugadores. Puede que su extrema longevidad tenga algo que ver.

Así se explica pues el que las campañas para un jugador duren cada vez menos: pocas editoras quieren duplicar su presupuesto desarrollando una de 20 horas, por lo que les es más cómodo incluir cualquier modo single player testimonial, adornando a un multiplayer mucho más rentable de producir.

Fruto de esta última reflexión, recuerdo como el otro día criticaba a las compañías por marginar a los modos para un jugador (un analista llegó a decir que morirían en 2014, de hecho). Ahora tal vez tengamos que cambiar la crítica ¿y si fuésemos nosotros los que, con nuestros hábitos de juego, estuviésemos alterando los desarrollos?

Al final resultará que la calidad y extensión de una campaña viene determinada por la cantidad de horas que estemos dispuestos a invertir en nuestra más querida afición.

¿Y vosotros? ¿acabáis todo lo que lleva a vuestras manos? ¿qué título os fue imposible terminar por su extrema dificultad? ¿qué os lleva a abandonar un juego?

Publicado en Ecetia.com

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