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En los seis años que Xbox 360 lleva a la venta en Japón, ésta apenas si ha rebasado el millón y medio de unidades, cifra que Nintendo 3DS ha conseguido alcanzar en tan sólo seis meses. No creo que haya mejor forma de ilustrar lo debilitada que está la máquina en el país del sol naciente, donde semana a semana apenas si consigue rebasar las 2.000 consolas vendidas (y ésto si tiene suerte).

Ayer nos despertábamos con la noticia de que numerosos comercios japoneses estaban considerando muy seriamente descontinuar al sistema deMicrosoft, especialmente tras un preocupante descenso del 47% en ventas a un año vista. Además, la pérdida de una gran exclusiva (la única que parecía impulsar las cifras de 360 en Japón) como Idolmaster ha caído como un jarro de agua fría entre los nipones que apostaron por una consola considerada socialmente “de perdedores”.

Microsoft no ha tardado en dar respuesta a los alarmistas titulares que daba por muerta a la consola en el país, asegurando que su compromiso para con aquel mercado es crucial:

Nuestro compromiso con Japón es férreo, tan sólo hemos de sobreponernos a una durísima competencia, a la que respetamos profundamente. Nuestro éxito con Kinect es el siguiente hilo del que tirar.

Imaginad que los de Redmond se rindiesen de repente ¿para qué habrían servido entonces los miles de millones invertidos? Tras dos generaciones de infructuosos intentos, los chicos de la caja x no están dispuestos a dar el brazo a torcer, esperanzados desde la ingenuidad en que una tercera Xbox cambie las cosas.

El posicionamiento de cualquier marca foránea en Japón es complicado, pero no queda otra que aguantar, confiando en aquello de que, quien la sigue, la consigue. Microsoft lo tiene más difícil que cualquiera, sin embargo, pues un error de marketing terminó echando al traste lo que podría haber sido un brillante futuro para su sistema de entretenimiento.

Muchos ya conoceréis la historia: Bill Gates, Xbox frente a sí, presentándola a los nipones con un gesto de cortesía que terminó interpretándose cual ofensa. El controller-S, un mando ligeramente más pequeño que el original, surgió como alternativa que se adaptase a las “pequeñas” manos japonesas.

La mayoría de jugones no perdonaron aquel insulto, porque ya se sabe que cuando se habla de tamaños, hay que medir mucho las palabras, no vaya a ser que alguien extrapole la conversación hacia otros derroteros.

Desde luego no podemos acusar a Microsoft de no haberlo intentado, pues sus ímprobos esfuerzos por agenciarse las mejores exclusivas JRPG han sido del todo meritorios.

Habrá quien diga que culturalmente aún quedan rencillas entre japoneses y americanos y que por eso Xbox nunca triunfará allí, pero yo apuesto más bien por la cabezonería social, ese gran cáncer del siglo XXI.

Publicado en Ecetia.com

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