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Nunca había sufrido un jet lag tan pronunciado. Era la primera vez que recorría, literalmente, medio mundo. Pero allí estaba, en el L.A.X., esperando a un taxi al que no di más explicación que –Convention Center. $40 después lo tenía ante mi, el edificio que tantas veces había visto en revistas y reportajes de televisión.

Su majestuosa fachada se coronaba con llamativa publicidad de Crysis 2, sobre la banda que indicaba al visitante la feria que se albergaba en su interiror. La Electronic Entertainment Expo de 2010 me esperaba, así que no lo pensé un minuto y adelanté un pie al interior del centro de convenciones. Quedé embelesado unos cuantos minutos, como cuando te crees en un sueño del que no despiertas por mucho que te pellizques.

La sensación tras colgarte el badge del cuello, con tu nombre, con tu medio impresos, indescriptible. Es entonces cuando intentas llegar a tu hotel en una Los Ángeles poco dispuesta a dejarte andar. Exhausto, organizas agenda entre sollozos, pero no tienes tiempo para lamentarte: has de recorrerte toda la ciudad hasta el teatro donde Microsoft revelará al mundo el nombre de Project Natal.

Luego vendrán las tres grandes conferencias: ¿cómo es posible que esté aquí y no al otro lado de una pantalla, viéndolas por streaming? ¿soy consciente de que cada una de las palabras que tecleo en plena retransmisión, provocará cientos de emociones a una audiencia global?

Ya en el showfloor, el E3 son citas por doquier con infinidad de compañías, stands de juego que se amontonan, mucha, mucha gente, estrés… y en el fondo, un evento más, sobrevalorado en tu mente ilusionada, pero al mismo tiempo fantástico pese al reajuste de expectativas.

Regémoslo todo con unas cuantas fiestas, de esas apoteósicas, elitistas al extremo, más propias de una serie televisiva que de tu propia vida. Áticos de hotel con piscina, barra libre e impresionantes vistas nocturnas, cenas de postín entre las mayores personalidades del sector… ¿Envidia? Es normal, casi la siento de mi mismo.

Al volver a España ese primer año supe que regresaría, como mínimo, otro más. Ver a Iwata frente a ti, destapando una nueva portátil (Nintendo 3DS) o una nueva sobremesa (Wii U) son sensaciones que todo profesional debería poder vivir aunque fuese una sola vez, porque por unos instantes te sientes ahí, en el centro de la vorágine que día a día consume tus horas de oficina: eres parte de la maquinaria y el primero en acariciar sus más nuevos engranajes.

Sí, si es que por algún casual seguía dudando de que mi ocupación era poco más que un sueño hecho realidad, la feria seccionó cualquier atisbo.

Es pronto para vaticinar si 2012 me llevará de nuevo a la desconcertante Los Ángeles, para con la que siempre tendré una especial relación amor/odio. ¿Quién sabe? Tal vez sea hora de plantearme un reto aún mayor: elMakurai Messe de Japón.

Continuará…

Publicado en Ecetia.com

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