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Han pasado dos meses desde que comenzase a relatar mi historia. La de un niño que se topó con los videojuegos de forma circunstancial, aferrándose a ellos desde entonces. Al principio, jugar a la consola no era más que el acto evasivo a un contexto aciago, después la ilusión de quien disfrutaba acopiando cada dato, posteriormente un plan de futuro.

Aquí estoy, cumpliendo a diario la hoja de ruta que me llevó a profesionalizar lo que muchos consideran mera afición. Aunque no estuve allí en los primeros compases de la industria, me enorgullezco de haberla hecho mi compañera en su historia más reciente, de haber vivido el declive de Dreamcast, el ascenso de PlayStationcomo inesperada mandamás, la entrada de Microsoft en territorio hasta entonces vedado.

Sonrío al recordar el día que Nintendo DS calló bocas, venciendo a un nuevo Goliath, como otrora hicieseGame Boy. Me estremezco al recordar los primeros compases de Shenmue, los dilemas morales que me planteó Heavy Rain o cómo Eternal Darkness me hizo perder la noción del tiempo.

Sí, estuve ahí la noche que Kutaragi sonreía tímidamente al mostrar que su Dual Shock 3 se llamaba Sixaxis y explicar por qué; la madrugada que pasé en vela esperando que tal rumor se confirmara, las semanas de ahorro escrupuloso previas a cada nuevo juego y la felicidad al abrir esa nueva consola, largo tiempo esperada.

Me encanta poder decir que he tenido una próspera vida de jugóngamervideojugador o como queramos llamarlo a mis espaldas, pero también que aún me queda otra tanta por delante. Así, la única forma posible de terminar esta crónica es con una previsión de futuro que de aquí a unos años podamos contrastar.

El panorama actual nos deja varios titulares. El primero que Nintendo, tras abanderar una impresionante apertura de mercado, se va convirtiendo en moda pasajera para quienes la abrazaron de nuevas, los mismos que ahora enriquecerán a los proveedores de los mercados social y móvil.

A consecuencia, las consolas portátiles perseverarán a duras penas, con una base instalada minoritaria pero rentable. Su extinción, defendida por algunos, no llegaría en la próxima década. Del mismo modo, las consolas de sobremesa no perecerán en favor de plataformas enteramente digitales.

PSPGo demostró que la fuerza nostálgica del retail, vinculada a la nula homogeneidad de infraestructuras, ralentizan el crecimiento de un mercado digital, que aún así avanzará notoriamente en los años por venir (nunca de forma que perturbe el modelo físico actual).

La perspectiva comercial apunta a un equilibrio de poder entre Sony y Microsoft, siendo los de Redmondquienes mayor margen de crecimiento tienen. Nintendo, por su parte, deambularía sin rumbo unos cuantos años, hasta dar con una nueva punta de lanza que la devuelva a la cima otro lustro más. No obstante, los deKyoto deberían precisar una estrategia mucho más firme, pues las modas son caprichosas y poco saludables para cualquier compañía, como el propio Satoru Iwata está comprobando en estos tiempos.

Muchas preguntas por responder nos aguardan tras estas previsiones (de lo menos doctrinal): ¿será Wii U un éxito o más bien la guillotina de Nintendo?, ¿repetirá PS Vita los errores de su predecesora?, ¿volverá a alzarse Sony o será Microsoft la que lo consiga? y los controles por movimiento ¿tienen los días contados o conseguirán estandarizarse de la mano (o no) de Kinect?

Muchas, muchas preguntas, pero sólo una que me importe mientras termino de teclear esto: ¿me acompañaréis en lo que tarden en llegar las respuestas?

Publicado en Ecetia.com

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