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Antes de que prosigáis la lectura de este análisis me gustaría que echáseis un vistazo al que publicásemos hace un año. Como veréis por la calificación que otorgué a Assassin’s Creed Brotherhood, el inesperado retorno de Ezio Auditore me pilló desprevenido, sorprendiéndome gratamente.

Lo que parecía una expansión multijugador metida con calzador resultó (para quien suscribe) la mejor entrega de la serie hasta la fecha. Un título que desterró completamente la monotonía del primer Assassin’s Creed, cincelando los aciertos de la segunda entrega.

También en visos argumentales, La Hermandad supo justificarse sobremanera, con un ending de los que te dejan ansioso por la continuación. En tal circunstancia esperé por Revelations, título que se prometía el acabose de la franquicia.

Pues bien, unas 15 horas después puedo decir que Ubisoft ha pecado de lo que temimos en su día conBrotherhoodRevelations revela más bien poco y solo determinados segmentos del juego resultan lo suficientemente entretenidos como para mantenernos a los mandos.

La aventura no puede empezar de forma más prometedora, con una impresionante cinemática en la fortaleza de Masyaf, huyendo primero del líder templario que a punto está de darnos muerte, para posteriormente perseguirlo en una impresionante batalla de caballos y carretas.

Un Ezio Auditore entrado en años inicia entonces la búsqueda de las cinco llaves que le den acceso a la biblioteca privada de Altair, el líder asesino al que controlásemos en el primer juego de la serie.

Dentro aguardan conocimientos cruciales para la supervivencia de la humanidad, por lo que el florentino tendrá que afanarse en abrir la puerta antes que los Templarios.

Dicho afán le llevará a Constantinopla, la gran urbe que exploraremos durante toda la aventura. En esta, además de ubicar las llaves de marras, tendremos que apoyar a la hermandad asesina recuperando las zonas bajo control templario, restaurando comercios y defendiendo aquellos sectores bajo nuestra influencia en secciones más propias de un RTS.

Recuperada cada llave, jugaremos los segmentos más entretenidos de la aventura, aquellos protagonizados por el mismísimo Altair. Estos suponen un recorrido cronológico a los principales instantes de su vida y sirven de nexo a las cuatro entregas aparecidas hasta la fecha.

Aún con todo, estas secciones se antojan demasiado breves y simples, pareciendo más bien secuencias interactivas.

Así, la parte central de la jugabilidad es la que transcurre en Constantinopla, donde pronto descubrimos que la fórmula de Assassin’s Creed se encuentra al borde del agotamiento.

Para empezar el diseño de la ciudad ha perdido enteros. Será porque Italia ofrece muchos más rincones emblemáticos, vaya usted a saber, pero el caso es que la sensación de estar transitando las mismas calles una y otra vez (pese a lo amplio del mapeado) nos asalta constantemente.

Las misiones secundarias siguen pasando tan desapercibidas como de costumbre, pero para eso resultan secundarias. Lo que molesta es la injustificación de la mayoría de memorias. Por los objetivos que plantean, da la sensación de que se han desarrollado únicamente para alargar la vida del juego, no porque narrativamente se justifiquen.

Solo unas cuantas resultan convincentes, aún cuando la lucha fratricida por el sultanato de la ciudad (el ‘otro’ argumento del título) se antoja insulsa y mal ejecutada.

A las pocas horas nos embargará aquella vieja y molesta monotonía que tanto criticásemos al primer juego, sin que las novedades de esta entrega resulten atractivas. La fabricación de bombas, uno de los elementos más publicitados de Revelations, resulta un mero añadido, sin importancia real para la jugabilidad. Perfectamente podemos acabar el juego sin haber lanzado una sola.

Con las partes de estrategia ocurre exactamente lo mismo: no terminan de encajar en la propuesta, suponiendo un contraste excesivamente marcado.

Pese a todo, los incondicionales de la franquicia seguirán disfrutando (un servidor entre ellos) de esas placenteras carreras por los tejados o del plataformeo puro de algunos niveles (esto no deja de ser unAssassin’s Creed al fin y al cabo).

Respecto a los combates y al sistema de detección, Ubisoft parece haber escuchado a quienes se quejaban de una dificultad nimia, suprimiendo la mayoría de procederes para la pérdida de notoriedad. Desaparecen así los carteles que arrancar de las fachadas, quedándonos casi por única opción el sobornar a los pregoneros.

El resultado es una guardia templaria mucho más enconada que antes, tanto, que a menudo comienza a perseguirnos sin haber hecho nada que lo justifique. Los enemigos suponen mayor reto, de tal forma que prefiramos aguardar a los contraataques más que intercambiar aceros en el cuerpo a cuerpo. Por consiguiente, los combates tornan insulsos y desquiciantes (pasar desapercibido en Constantinopla es complicado, cuando no enervante).

Han desaparecido también las secciones fuera del Animus, que aquí se sustituyen por una isla virtual (en la mente de Desmond). En ella, además de charlar con el misterioso sujeto 16, accederemos a fases en primera persona que nos desgranarán el pasado del protagonista.

Una vez más, estas secciones aportan poco de cuanto se nos prometió y se desbloquean no encontrando glifos, como en juegos previos, sino mediante la recolección de fragmentos del Animus (las ‘plumas’ o ‘estandartes’ de esta entrega).

Entrando en materia técnica, al motor gráfico empiezan a notársele los años, siendo notable más que sobresaliente. A esto hemos de sumar un buen número de bugs, alguna animación mejorable y lo poco trabajado de según qué zonas. En general el acabado visual sugiere prisas, por lo que Ubisoft haría bien en replantearse su frenético ritmo de desarrollo.

El doblaje, como siempre, muy correcto. Nada que objetar tampoco respecto a una banda sonora que acompaña a la perfección nuestros paseos por la ciudad.

El problema es, en definitiva, que tales caminatas ya no resultan tan apetecibles como fuesen las de Florencia, Venecia o Roma. Todo en Revelations da una sensación de déjà vu, solo que menos cuidado en lo técnico y con un grado de injustificación que solo compensan muy contados momentos de la aventura.

Las prometidas revelaciones han quedado en anécdotas. Sinceramente, para unas cuantas secuencias aceptables, no compensaba un título de semejante envergadura. Porque al final nos queda un refrito al que los incondicionales de la franquicia jugarán más por apego que otra cosa.

Para los recién llegados (a buenas horas os asomáis a este barullo argumental) Revelations es un notable juego de acción, pero en absoluto el título imprescindible que se vaticinaba.

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