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Como es tópico en no pocas aventuras de acción, para el Agente 47 esta vez es personal. IO Interactive quería traer de vuelta a su más carismático protagonista, pero no de cualquier modo. Cuando la Agencia informa que uno de sus activos ha huido junto a una misteriosa chica que parece crucial para sus intereses, 47 se despoja de cualquier pizca de afecto y acude a la mansión en que se oculta la transfuga, dispuesto a apretar el gatillo.

Pero nada sale nunca como se planea y pronto, el asesino más mortífero que haya conocido el espionaje internacional se ve inmerso en una huida por preservar la integridad de la joven VIctoria (amén de la propia) y desentrañar la verdad.

Es una premisa tan cinematográfica como el propio juego, cuyos primeros minutos parecen sacados de la última superproducción de Hollywood. No sería nada descabellado ceder al guionista de Absolution la próxima  incursión de Hitman en la gran pantalla (si es que termina por producirse, claro está). Ocurrirá a buen seguro si las ventas de este Absolution cumplen un mínimo. Me molestaría mucho que no lo hiciesen.

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Pocas veces se topa con un título tan versátil y mimado. Sí, este año he disfrutado de grandísimos juegos como Halo 4 o Mass Effect 3, pero ha sido Hitman: Absolution el que más me ha cautivado. Ni mejor, ni peor, simplemente sobresaliente. Ocurre que, al no esperar mucho de él, las buenas sensaciones se acrecientan.

Decía que estamos ante un juego que es capaz de ofrecer a cada jugador lo que busca. Esto, manteniéndose fiel a la premisa de la serie. ¿Cuántas veces no hemos leído aquello de que tal o cual título “se adapta a nuestro estilo de juego”? La mayoría de las veces dicha promesa quedó insatisfecha. Al final, terminábamos jugando al son que dictaron sus desarrolladores. Aquí no. Contamos en primer lugar con distintos niveles de dificultad, los cuales inciden en la inteligencia del enemigo o la interfaz, que se despuebla de sobreimpresiones cuanto mayor el desafio.

La partida arranca en una mansión bien custodiada, donde aprendemos las bases del gameplay: acercarnos por detrás al enemigo y optar por noquearlo o directamente partirle el cuello, para después ocultar su cadaver en muchos de los contenedores que (a veces inexplicamente) pueblan los escenarios. Son entornos de lo más variado (un particular Chinatown, hoteles en ruinas, clubes nocturnos…), con multitud de recovecos por los que atajar o donde esconderse. El diseño de niveles es digno de aplauso, pues se posibilitan numerosas rutas por las que llegar al objetivo. Lo mismo nos colamos por un conducto de ventilación que por las alcantarillas, irrumpiendo en la estancia con estruendo o camuflándolos entre las sombras y estrangulando a los desprevenidos con nuestro coqueto cable de acero.

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Como no podía ser de otro modo, vuelve también la posibilidad de arrebatar a los caídos su indumentaria, pasando desapercibidos entre grupos de mercenarios, policias o proxenetas (¿para qué hacer ascos?). En este sentido nos vendrá de perlas la habilidad de Instinto, cuya barra decrece en pleno uso. Al igual que en la serie Akrham, se siluetearán enemigos cercanos y trayectorias, además de evitar cualquier sospecha cuando pasemos demasiado cerca de estos (sí, la típica pose de niño bueno de que tanto presumiese Altaïr).

Otras opciones de interés para los menos duchos en esto del sigilo son la de marcado (pausamos la acción y seleccionamos a varios enemigos, procediendo a descerrajarles sendas balas sin tiempo de reacción por su parte) y los puntos de control (no habrá que reiniciar cada misión desde el inicio si perecemos).

Llegados a este punto, los más puritanos del espionaje táctico y el gatillo silencioso habrán comenzado a preocuparse sin motivo. Como he dejado caer, Absolution se adapta a cada cual. Es decisión del usuario hacer uso de los atajos que disponen los desarrolladores, de tal forma que podamos atravesar un complejo sin alerta alguna, noqueando más que a un número indispensable de guardias. Es lo que premia el sistema de puntuación, de hecho.

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Sito en la parte superior izquierda de la pantalla, un número sube y baja en función de cuantas veces hayamos alertado al enemigo, el número de bajas (irremediables y civiles) o nuestra habilidad para escabullirnos de encrucijadas a priori irremediables. Tan solo procurando las mejores puntuaciones conseguiremos desbloquear las múltiples habilidades de 47, muchas de las cuales distan de resultar anecdóticas. Es por esto que, completada la historia principal (en torno a las 15 horas en el modo de dificultad normal), siempre nos quedarán ganas de revisitar entornos en busca de actuaciones más sigilosas o formas radicalmente distintas de completar la misión.

Absolution es el Hitman más peliculero de todos. La dirección de las cuantiosas secuencias cinemáticas es sublime, hilvanándose coherentemente los 20 capítulos que fragmentan la aventura. Se recurre también aquí al efectivo truco del cliffhanger, giros de guión que nos mantendrán en un constante “5 minutos más y lo dejo”. Y es que el juego busca la empatía con 47 y su propósito; que nos preguntemos los por qué y quiénes de una narración intensa como ella sola.

Por supuesto, gran culpa la tiene el excelente motor gráfico. En mi última visita a las oficinas de Koch Media, me comentaban que había un gran pesar en IO Interactive por no poder explotar Glacier 2 en más títulos que este. Hitman: Absolution nos llega en los últimos compases de la presente generación y por eso no muchos juegos se verán provistos de su excelente motor de iluminación o la recreación de multitudes. Normalmente, aquellos juegos que disponen un buen número de personajes en pantalla tienden a repetirlos más que el ajo, desplazándose estos cual zombis adecentados. Absolution por el contrario se congratula de gentíos que responden de forma realista y en los que rara vez nos parece ver a dos individuos similares (tanto en actitud como en apariencia). No faltan eso sí, pequeños y puntuales defectos gráficos en alguna que otra textura, pero nada que me impida coronar al juego como uno de los más deslumbrantes de cuantos han pisado Xbox 360 y PlayStation 3.

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El doblaje al castellano también incita al elogio, aunque la sincronización labial no salga bien parada. La ambientación sonora y demás efectos no desmerecen, lo que resulta una buena noticia teniendo en cuenta las estruendosas escaramuzas que enfrentaremos.

El broche de oro lo pone la modalidad Contratos, en esencia un editor de misiones la mar de sencillo: escogemos un escenario y deambulamos por él, marcando a varios enemigos que eliminar. El juego toma nota de nuestro proceder (orden y circunstancias de los asesinatos) y guarda la misión para que cualquier otro jugador pueda completarla con tales requisitos. Un plus de duración por consiguiente.

Por no extenderme más: Hitman: Absolution es uno de los juegos más impactantes del año. En primer lugar por su portentoso motor gráfico, la espectacularidad de sus variadas situaciones y las múltiples formas en que nos permite afrontarlas. Un juego que ofrece a cada jugador el estilo que busca, sin contradecir las bases de la franquicia. Sumadle un argumento triple A, repleto de intrigas, y entenderéis por qué me he enamorado del nuevo Agente 47. Ha sido mi sorpresa de 2012 y ocupa desde ya un hueco entre mis imprescindibles de la presente generación.

Valoración: 9,6/10

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