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Electronic Entertainment Expo de 2009. Microsoft se hace con la feria del videojuego por excelencia al hacer público Project Natal, un avanzado sensor por movimiento que nos permite aparcar el mando y convertirnos en éste.

Millones de usuarios tan boquiabiertos como fascinados comenzaron a soñar entonces con lo que un día prometiese Nintendo: la experiencia de juego más inmersiva hasta la fecha. Nos veíamos ejecutando combos imposibles, convirtiéndonos en pichichis frente al televisor… aunque sospechábamos de unos grandilocuentes vídeos conceptuales.

Sea como fuere, los de Redmond hicieron bien su trabajo, consiguiendo su parte del pastel a costa de un PlayStation Move que ha pasado sin pensa ni gloria. Las cifras hablan por sí solas: Kinect colocó la friolera de 8 millones de unidades en sus primeros 60 días, convirtiéndose en el dispositivo electrónico más rápidamente vendido de la historia.

Son muchos los salones coronados por un periférico del que se han distribuido a estas alturas más de 24 millones de unidades en todo el mundo. Su perfecta integración con la interfaz de Xbox 360 (por la que podemos navegar gestual o vocalmente) ha llegado a imitarse en numerosos televisores inteligentes y suversión para Windows ha derivado en aplicaciones tan prácticas como loables. Un ejemplo lo encontramos en la esterilización de los quirófanos, facilitada por el sensor gracias a que el médico no ha de abandonar intermitentemente la sala de operaciones o pruebas. Incluso ha llegado a idearse un sistema de guiado para ciegos sustentado por la tecnología del dispositivo.

Kinect ha prosperado en campos para los que no fue pensado. ¿Sorprenderá jugablemente en la próxima Xbox?

Pareciese entonces que Kinect tenga un futuro brillante, pero la cosa cambia si referimos al segmento para el que se ideó: el entretenimiento electrónico. Como ocurriese con el WiiMote, la mayoría de títulos para Kinect han terminado por decepcionarnos. Su prometida implicación en géneros tradicionales como la aventura de acción o el shoot’em up subjetivo ha derivado en desastre y no son pocos quienes piensan en Dance Central como única franquicia digna de las posibilidades con que el propio Molyneux soñase “Milo & Kate” mediante.

Así las cosas, ¿Tiene sentido un Kinect 2.0 integrado en la próxima Xbox? A menos que sus avances conjugen mejor con las fórmulas de juego tradicionales, mucho nos tememos que la cámara de marras seguirá siendo un superventas desaprovechado.

Démosle no obstante un voto de confianza. Los últimos rumores hablan de una cámara capaz de detectar el movimiento de nuestros dedos, la dirección de nuestra mirada, la disposición de ciertos elementos a nuestro alrededor (apertura de puertas y ventanas, por ejemplo) e incluso el estado anímico del usuario para adaptar la dificultad del juego en cuestión. Esto último es algo con lo que ya han experimentado un grupo de científicos de la Universidad de Carolina del Sur, responsables de la interfaz SimSei, por la que Kinect detecta gestos y expresiones faciales propias de individuos en estado depresivo.

Será cuestión de los desarrolladores el buscar convincentes aplicaciones jugables que nos hagan ver Kinect como un dispositivo indispensable en nuestras sesiones frente al televisor.

La única información contrastada respecto a la evolución de Kinect alude a una cámara Full HD capaz de identificar a 6 usuarios de forma simultánea e identificar hasta 25 puntos diferentes por persona.

Redactado para VaDeJuegos

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