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Transcurridos unos días desde que Microsoft mostrase al mundo su nueva consola de sobremesa, lo único meridiano es que la compañía cometió garrafales errores de comunicación. Si Nintendo confundió a medio mundo al presentar Wii U como si de un periférico se tratase, los de Redmond destaparon su hardware cual centro de entretenimiento más que dispositivo dedicado.

Lo peor vendría después del Xbox Reveal, cuando las cuadrillas de periodistas asaltasen a los directivos en busca de respuestas. Cada cual daba la suya respecto al hipotético requisito de conexión o al temido canon  de la segunda mano, como si no hubiese directriz alguna. Eso, o que cada mandatorio las hubiese interpretado de forma distinta.

Los videojugadores, enojados ante una máquina que parecía hacer de todo menos aquello por lo que se habían conectado a la retransmisión, dijeron basta tras toparse con titulares como “Xbox One habrá de conectarse a Internet cada 24 horas” o “Xbox One impondrá un canon a los juegos de segunda mano“. Comprensible.

Hemos de considerar no obstante las certezas en torno a la consola. Son pocas y desde luego no van a encontrarse en citas sacadas de contexto o interpretadas a conveniencia. Del mismo modo que un “Deberías conectar la consola a Internet cada 24 horas” puede entenderse como un requisito, también es válido considerarlo una recomendación: Xbox One (como tantos dispositivos actuales) se ha gestado en torno a una interfaz conectada, por lo que sólo así podremos sacar partido a sus múltiples funcionalidades. ¿Quiere decir esto que si no tenemos Internet se nos impedirá jugar o reproducir contenido multimedia? La lógica dicta que no y así lo han ratificado figuras como Major Nelson, Phil Harrison o el propio Don Mattrick.

Supongo que ahí reside la clave de este asunto, en la lógica. ¿Imagináis llegar a casa con vuestra flamante Xbox One y que al introducir un juego single player os pida conectaros a la red inexcusablemente? Un servidor tampoco.

Más enrevesado resulta el asunto de la segunda mano, donde pasamos de un “tendrás que pagar por jugar con títulos no vinculados a tu perfil de usuario” a un “nuestra política al respecto está por ver“, pasando por las declaraciones del mismísimo presidente de GameStop, a quien Microsoft ha asegurado que su consola seguirá apoyando el mercado de la segunda mano. De hecho, el directivo conoce los planes concretos, pero prefiere que sean los de Redmond quienes se expliquen. ¿Mostraria Tony Bartel una actitud tan displaciente para con Microsoft si tuviesen algo de veracidad los últimos rumores? Apuntan a que las tiendas interesadas en comerciar con títulos usados para Xbox One no percibirán más del 10% del precio de venta, obligándose a remitir el porcentaje restante a la editora de turno. Lo que os decía: ilógico.

Es más, si alguna de estas ideas ha llegado a sopesarse en Microsoft, las sonadas críticas por parte de prensa y usuarios podrían hacer que las desecharan de cara al próximo 10 de junio. Decía Major Nelson que se estaba tomando buena nota del feedback y que ninguna decisión resulta inamovible de cara al lanzamiento de la consola. ¿Y si la cuestión quedase en anécdota de tal forma que el usuario final pudiese vincular o desvincular juegos de su perfil a conveniencia, con el único propósito de sacar partido a las funcionalidades en la nube de Xbox One?

Lo justo, por tremendos errores de comunicación en que haya incurrido Microsoft, es esperar a las primeras disecciones de la máquina para conocer toda la verdad sobre este asunto. Será entonces cuando podamos crucificar a la compañía con sobrada razón.

No seré yo tampoco quien critique a Microsoft por orquestar una presentación marcadamente yanqui. Al fin y al cabo ha sido Estados Unidos el mercado que ha permitido a Xbox 360 liderar la presente generación de consolas (HD). Tampoco el que se hayan centrado en aspectos del entretenimiento ajenos al videojuego, dado el jugoso pastel a repartir que se vaticina en el segmento de los all-in-one.

Hablemos tras el E3, cuando Xbox One se muestre cual consola de videojuegos. No dato objetivo que indique despreocupación respecto al ocio electrónico por parte de Microsoft. Lionhead Studios, RARE, 343 Industries, Turn 10 Studios o las divisiones en Londres, Los Ángeles y Victoria (Canadá) son sólo algunos de los muchos estudios first party con que sigue contando la compañía. Desarrolladoras que suman más de 100 franquicias exclusivas (y las que vendrán) para una máquina con un brillante futuro.

Sí, puede que el concepto de centro multimedia predomine en los primeros meses de Xbox One, pero en la mayoría de mercados el hardware seguirá viéndose como “la nueva consola de Microsoft”, imprescindible para jugar con tal o cual gran exclusiva. Veamos si no cómo se enfoca su campaña de marketing europea, donde el concepto de televisión inteligente sigue lejos de afianzarse.

En resumidas cuentas, Xbox One debería despertar más incertidumbre que rechazo, pues aún es pronto para juzgar las posibilidades o políticas en torno a un hardware que se ha mostrado al público de forma harto  desafortunada. Por muchos titulares catastrofistas que leamos, lo cierto es que también hay razones para el optimismo en torno a esta nueva consola, muchas de las cuales llegarán en 17 días.

Redactado para VaDeJuegos

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