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Aún recuerdo aquellas tardes de palomitas frente al monitor, deseoso de sorprenderme con cuanto Sony, Nintendo o Microsoft tuviesen que mostrarme. Como periodista del videojuego la cosa cambia: aunque la ilusión se mantiene, el estrés  ante la cantidad de información por publicar acaba pasando factura. Harán falta unos cuantos días para recuperarse de las noches en vela, dando cobertura a los compañeros desplazados hasta Los Ángeles.

Los fieles a este rincón recordaréis que un servidor también tuvo ocasión de cubrir la feria in situ, durante sus ediciones de 2010 y 2011 (presentaciones de Nintendo 3DS y Wii U respectivamente). Tampoco fue moco de pavo afrontar semejante planning de entrevistas, hands-on y, porque no decirlo, multitudinarias fiestas en las que cerrar algún que otro acuerdo publicitario.

Antes de querer darte cuenta, todo eso pasa y el ciclo de la rumorología apunta inmediatamente a la feria del año próximo. Ahora bien, ¿Qué nos has dejado ésta, tan prometedora como se presentaba por la irrupción de dos nuevos sistemas de entretenimiento? Todos los medios parecen de acuerdo en que Sony ha barrido, sabiendo aprovechar la oportunidad tendida indirectamente por Microsoft. Los de Redmond encararon severos problemas de comunicación tras el Xbox Reveal, anunciando algunas de las características más controvertidas de Xbox One horas antes del E3.

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Habiendo alcanzado la frustración de los usuarios su grado sumo, la compañía japonesa sólo tuvo que dar sendas respuestas negativas a dos más que previsibles cuestiones: ¿Será PS4 un dispositivo permanentemente conectado? ¿Se permitirá la libre reventa de sus títulos?

Yoshida y los suyos fueron muy inteligentes al coquetear con la ambigüedad días antes de la feria, haciendo creer que su máquina seguiría los pasos de Xbox One. Así, llegado su media briefing, dos noes rotundos exaltaron tanto al auditorio presencial como a los usuarios en sus casas: Sony era la buena, los de Bill Gates, los malos. Y sí, es de agradecer que PS4 se haya desvinculado de esas tres siglas malditas (DRM), pero me niego a dignficar a la compañía por garantizar los que siempre ha sido un derecho: la posesión de aquellos títulos en los que hemos invertido nuestro dinero.

La puntilla de Sony llegó, amén de su diseño elegante y menos voluminoso, con la cifra de 399 euros. Muchos aún no se explican cómo Cerny ha articulado una máquina de semejantes prestaciones a un precio tan competitivo. Sus 8GB de RAM DDR5 se imponen así a los 8GB DDR3 de Xbox One, diferencia tan nimia como dramática según al desarrollador que preguntemos.

Directivos de Sony saltando de alegría tras finalizar la conferencia de Microsoft con esos 499 euros de precio base. La escena aconteció tal cual, ha confesado el responsable de desarrollo de producto en Worldwide Studios. Y es que aunque Spencer, Mattrick y cía ofrecieron su mejor media briefing en años, con hasta 17 juegos exclusivos, las buenas noticias everywhere de Sony empañaron cualquier motivo jugable por el que Xbox One se antojase mejor opción.

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Sony venció y Microsoft se dejó vencer, incluso días después de su puesta en escena con declaraciones del todo desafortunadas como: “Si no tienes Internet Xbox One es para ti” o “Si no tienes Internet cómparte una Xbox 360”.

Si se pide mi opinión diré que el hardware, diseño, precio y empatía con el usuario me convencieron respecto a PS4, no tanto así su catálogo. Xbox One gozó de mayor número de exclusivas, anunciándose también juegos a priori ajenos a la plataforma como los ansiados Kingdom Hearts 3 o Final Fantasy Versus XIII XV. Sobre los requisitos de conexión de la máquina y su quisquillosa política respecto a la segunda mano prefiero esperar para enjuiciar, pues algo me dice que Microsoft no ha tomado decisiones tan arriesgadas por el mero hecho de fastidiar al jugador. El libre acceso a nuestra biblioteca en la nube de hasta 10 usuarios autorizados, de hecho, se antoja una ventaja muy a tener en cuenta.

La resignación, como habréis deducido, correspondió a Nintendo. Gran decepción personal el topar con Super Mario 3D World, pues todos esperábamos una superproducción como lo fuesen Super Mario 64, Super Mario Sunshine o sendos Super Mario Galaxy. En su lugar, los de Kyoto nos salen con una secuela pseudo estereoscópica de Super Mario 3D Land, título que no termina de convencer en pantalla grande.

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Este ejercicio de reciclaje se intuyó igualmente en las otras grandes apuestas del último Nintendo Direct, llamado a presentar los juegos que salvarán comercialmente a Wii U. Hablamos de Mario Kart 8 (el número en el título ya deja buena cuenta de sus nimias novedades respecto al 7 de bolsillo), Dokey Kong Country Tropical Freeze (innecesaria insistencia de Retro Studios, dada la proximidad de Returns 3D) y Super Smash Bros. U, una cara bonita de premisa menos ambiciosa a Brawl.

Los retrasos a 2014 de grandes apuestas como Bayonetta 2 tampoco dejaron buen sabor de boca. ¿Dónde quedó el presunto relanzamiento de la plataforma este verano cuando ni tan siquiera juegos menores como Wii Fit U verán la luz en época estival?

No me gustaría cerrar esta crónica sin aludir al único proyecto que consiguió dejarme boquiabierto, por mucho que Forza 5 o Shadow Fall prometan deslumbrar: The Division. El shooter MMO de Ubisoft demostró cómo el perfil conectado de las nuevas consolas y sus excelencias técnicas están más que justificados.

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