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Treinta minutos antes de que Microsoft modifcase los términos y condiciones adscritos a su nueva consola de sobremesa, un desarrollador me confirmaba off the record que la compañía se reunirá con los principales estudios europeos en Londres, los próximos martes y miércoles. La vuelta de tuerca con Xbox One será, en efecto, el asunto a tratar.

Las reacciones tras el baile de declaraciones (a cada cual más estrepitosa) que aconteciese cual sobremesa del Xbox Reveal no alcanzaron la virulencia que agurdase a Microsoft en los días previos a la Electronic Entertainment Expo, cuando se concretasen aspectos como la conexión permanente de Xbox One o sus limitaciones a la reventa de juegos. Titulares harto reprobables como “si no tienes Internet, entonces quédate con Xbox 360” supusieron la gota que colmó el vaso.

Con unas más que discretas cifras de reserva sobre la mesa y Sony posicionada como la gran aliada de los usuarios (a cien euros menos la unidad), los de Redmond acometieron la mayor tragada de orgullo que el sector del ocio electrónico haya protagonizado. “Creemos en un futuro conectado” declaraba Mattrick, “Xbox One se ha concebido en torno al DRM, suprimirlo no es tan sencillo como pulsar un interruptor” aseguraba Major Nelson, palabras que han quedado en agua de borrajas tras lo publicado por Greenberg hace unas horas.

Con su anuncio, el Chief of Staff for Interactive Entertainment Business de Microsoft minaba también la credibilidad de importantes directivos en la compañía, quienes únicamente seguían un guión terriblemente escrito. No nos extrañe pues que en las próximas semanas Hyrb y compañía ofrezcan respuestas contrarias a lo que venían afirmando en las últimas semanas.

PS4 y Xbox One seguirán la misma política que sus predecesoras en cuanto a conexión y reventa de títulos.

Sea como fuere, lo cierto es que la batalla por la nueva generación de consolas ha cambiado diametralmente. Si PS4 se vaticinaba como clara (incluso justa) vencedora, con una Wii U que sigue sin convencer por haberse quedado a medio camino en todo; ahora no queda tan claro.

PS4 y Xbox One seguirán la misma política que sus predecesoras en cuanto a conexión y reventa de títulos: no habrán de conectarse obligatoriamente, permitiéndonos jugar offline en cualquier momento. Sus juegos podrán revenderse y prestarse siguiendo el sencillo paso con que Sony nos sacase una sonrisa en su videotutorial. Las principales promesas de PS4 ya no le son exclusivas.

La captura, edición y subida de partidas será otra funcionalidad común. Ambas plataformas ofrecerán descargas automatizadas y poco intrusivas, plena integración con las redes sociales y numerosos juegos multiplataforma. Si las exclusivas han resultado escasas durante la presente generación, menores aún en la próxima, siendo el anuncio de Kingdom Hearts 3 para Xbox One el más claro ejemplo.

¿Quiere decir ésto que la elección entre una consola u otra dependerá única y exclusivamente de sus juegos propietarios? En parte. También hemos de considerar funcionalidades tan atractivas como el Remote Play con PS Vita, insustituible por mucho que Microsoft haya reinventado SmartGlass.

Luego está Kinect, el dispositivo de entretenimiento más rápidamente vendido de la historia, que intentará desnivelar la balanza a favor de One. Aunque los usuarios tradicionales se han cansado de su propuesta, obviando incluso los títulos desarrollados en torno al sensor, la respuesta del jugador ocasional será determinante: ¿Les cautivará la cámara como antaño?

…serán funcionalidades prescindibles (o nuestra mera preferencia) las que hagan a una u otra compañía llevarse el gato al agua.

Así las cosas, no son pocos quienes piden a gritos que Kinect pueda desvincularse de la consola. Quedaría la puerta abierta a un pack más económico, cercano a los atractivos 399 euros de que presume PlayStation 4. El precio, de hecho, es a día de hoy la baza más importante de Sony.

La propuesta de una televisión interactiva, por su parte, sigue antojándose irrelevante salvo para el mercado estadounidense, por lo que no habremos de considerarlo un punto a favor para la sobremesa de Microsoft.

Quedaría poner sobre la mesa la cuestión puramente técnica. Los 8GB DDR5 de PS4 hacen salivar a cualquiera frente a la premisa DDR3 de Xbox One. Aseguran los de Redmond (y algún que otro desarrollador) que la nube hará nimia tal comparación, pues su colosal infraestructura de servidores permitirá multiplicar por 40 el potencial de Xbox 360, mejorándose el acabado de los juegos en tiempo real (siempre y cuando nuestra máquina esté conectada, insistimos).

Shuhei Yoshida (presidente de Sony Worldwide Studios) ha insinuado que PS4 será capaz de algo similar, por lo que habrá que esperar unos meses para ver qué consola roza en mayor medida el fotorrealismo. Y es que Quantic Dream y Turn 10 Studios me han dejado la boca abierta por igual, todo sea dicho.

Es difícil de asimilar, pero en cuestión de horas hemos pasado de un escenario a su opuesto, de una generación que parecía ganada de antemano a otra en la que serán funcionalidades prescindibles (o nuestra mera preferencia) las que hagan a una u otra compañía llevarse el gato al agua.

Redactado para: VaDeJuegos

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