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Pese al aluvión de propuestas similares que irrumpieron a continuación, ninguna se antojó tan apasionante como la campaña de crowdfunding en torno a Ouya. Era la primera vez que a los usuarios se nos hacía partícipes de la génesis de una consola.

Ouya se prometía una máquina creada por y para los usuarios, abierta de par en par a infinidad de usos y desarrollos. Desde esa premisa, sus responsables han cumplido con creces, tal y como demuestra un imponente (por lo cuantioso) catálogo inicial o el práctico agotamiento de stock en los comercios estadounidenses.

Una semana después de haberse materializado mi aportación estoy en condiciones de valorar la sonada consola Android.

 

Packaging

La caja de Ouya alberga lo justo. Nada más abrirla encontramos un llamativo mensaje de agradecimiento: “Gracias por creer”, bajo el cual se halla la propia consola, su mando, un ínfimo manual de instrucciones, el imprescindible adaptador de corriente (versión europea) y un cable HDMI.

La consola

La máquina llama la atención por sus reducidas dimensiones, un cubo perfecto de esquinas inferiores curvadas albergable en la palma de nuestra mano. Sorprenden también sus 300 gramos de peso.

La base acoge un ventilador nada ruidoso, el cual se antoja imprescindible dadas las estrecheces en que conviven sus componentes. Desafortunadamente, no parece ejercer demasiado bien su labor, pues Ouya se calienta de forma considerable conforme pasan los minutos.

La cara trasera de nuestro cubo alberga puertos HDMI, USB, micro-USB, ethernet y conector para adaptador de corriente. Su tapa evidencia cuatro tornillos fácilmente desenroscables, facilitando la sustitución de componentes, algo crucial para el futuro de la plataforma dadas sus simplemente correctas especificaciones técnicas.

El procesador Tegra 3 y su GB de RAM quedan bastante lejos de los últimos dispositivos móviles en el mercado, siendo más que previsible el lanzamiento de expansiones de hardware para evitar la marginación de juegos punteros.

La conectividad de Ouya se fundamenta en las tecnologías Wi-Fi 802.11 b/g/n y Bluetooth LE 4.0. Ésta última para la conexión de mandos o cualesquiera otros dispositivos compatibles como ratones, teclados, tabletas electrónicas e incluso mandos PlayStation 3.

La consola Permite 8GB de almacenamiento interno ampliables mediante cualquier disco duro o dispositivo USB.

El mando

Escudriñada la consola agarramos por vez primera su mando. Por contra a lo esperable, el acabado es robusto y ergonómico, aunque los materiales plásticos no acompañen.

La posición de sticks analógicos, cruceta y botones de acción se antoja de lo más natural, no así la de los botones L1, R1, L2 y R3, gatillos estos últimos que ofrecen excesiva resistencia para su ínfimo recorrido. Algo similar ocurre con los sticks analógicos y la cruceta (desprovista de diagonales), que demandan excesiva fuerza de empuje y presión respectivamente.

El trackpad capacitivo sito entre el sitck analógico derecho y los botones U e Y, resulta muy de agradecer durante la navegación web o en títulos que requieran interfaces táctiles, si bien su respuesta deja bastante que desear.

Los mandos de Ouya se emparejan fácilmente, manteniendo pulsado el botón de interfaz (entre la cruceta y el stick analógico derecho) y se alimentan de dos pilas AA insertables bajo la carcasa de ambas asideras. Afortunadamente cada par garantiza un número de horas superior a la media en mandos inalámbricos.

Durante mis sesiones de juego no he experimentado problemas reportados por análisis primerizos como el atasque de los botones de acción o un pronunciado lag. La respuesta en todos los juegos es más que inmediata.

Configuración e interfaz

Nunca hubo un sistema tan fácil de configurar. Una vez conectado a la corriente y nuestro televisor mediante el cable HDMI incorporado, basta pulsar el botón circular sito en la parte superior de la consola para encenderla. Se iluminará éste con la ya típica U.

Si nuestro televisor es compatible con la tecnología Anynet, Ouya se encenderá automáticamente, bastando seleccionar la fuente correcta.

Tras la animación de turno toca acceder a nuestra red WiFi, proceso que costó varios intentos pese a la correcta introducción de su clave. ¿Presenta Ouya problemas con su conexión a redes inalámbricas? No puedo asegurarlo, pero en ocasiones puntuales ha respondido erráticamente.

Conectados a Internet es turno de introducir nuestra cuenta de usuario y asociarle una tarjeta de crédito. Advertir que al momento de escribir estas líneas, todo juego que adquiramos contará como compra en el extranjera, aplicando nuestro banco una comisión variable.

La interfaz de Ouya es limpia, simple. Todas las opciones se disponen a un vistazo, sobre un fondo rojizo y con el nombre de la cuenta activa sobre el logo de la máquina.

Play alberga nuestra biblioteca de juegos, donde ejecutarlos, valorarlos, actualizarlos o consultar información adicional. Se anteponen siempre en la cuadrícula los últimos títulos o aplicaciones usadas.

Discover comprende todos los juegos y aplicaciones disponibles para Ouya, ordenados por criterios un tanto inútiles como listas de favoritos a manos de ciertos desarrolladores. Nos esperan así distintas secciones dispuestas en vertical, por cuyos elementos nos desplazamos horizontalmente. Las únicas de agradecer resultan quizás las de juegos más populares, cooperativos y su clasifiación por géneros (RPG, FPS, plataformas, deportivos…). Accediendo a la ficha de cada juego podremos realizar las acciones descritas para el apartado anterior, amén de su instalación, claro está.

‘Make’ es la sección dedicada a desarrolladores. Aquí pueden probar cómo avanzan sus juegos en producción. También se incluye un práctico navegador a Internet desde el que descargar aplicaciones Android ajenas a Ouya (Spotify, Netflix o Dropbox, por ejemplo) . Aunque no podremos alojar Google Play en el sistema, sí se nos permite instalar plataformas como Amazon Appstore y con ello descargar juegos tan populares como Angry Birds. Por desgracia, los juegos táctiles no se controlan demasiado bien con el mando, por lo que la sombra de lo injugable siempre estará presente.

La instalación de archivos .apk ha de realizarse a través de ‘Manage’, sección en la que consultar información sobre nuestra consola, red o cuenta. También donde modificar ajustes a través de un menú propiamente Android (4.2), en el apartado de almacenamiento.

En resumidas cuentas, la interfaz de Ouya necesita ganar no tanto en opciones como en estabilidad y usabilidad. Su estética tampoco resulta muy atractiva y la disposición de juegos en su tienda resulta más bien confusa. Muchos títulos son pasados por alto a menos que uno se afane en escudriñar cada sección.

Juegos

Pero ¿Qué es una consola sin juegos? Nada. En líneas generales no queda otra que ser crítico con un catálogo importante en número, pero deficitario en calidad. La mayoría de juegos son versiones de títulos móviles poco inspirados (algunos ni siquiera se molestan en disimularlo). La estética retro se emplea muchas veces como principal atractivo, camuflando más bien las debilidades del desarrollador o estudio en cuestión para engendrar un título medianamente estético y/o adictivo.

Hay excepciones, por supuesto. Títulos de primer nivel como Puddle, Vector, Final Fantasy III, Canabalt, Giana Sisters, Shadowgun, Chronoblade o Bombsquad entre otros nos hacen albergar esperanzas para con el futuro de la máquina.

Los títulos de mayor lucimiento técnico (Unreal Engine 3 mediante) responden perfectamente, aunque aún son minoría.

Sorprenden, eso sí, las apuestas cooperativas. Las partidas a dos o más jugadores en juegos como Bombsquad, Towerfall o You Don’t Know Jack coparán buena parte de vuestras sesiones a los mandos. Y es que los primeros juegos de Ouya prometen las mismas partidas cortas, divertidas y frenéticas que a menudo discurren por nuestras tablets o smartphones, clara muestra de que los desarrolladores aún no ven la consola (tal vez nunca lo hagan) como una sobremesa propiamente dicha.

No olvidemos considerar el aluvión de aplicaciones disponibles, capaces de convertir Ouya en un potente dispositivo multimedia (PLEX funciona de maravilla, por ejemplo). Tampoco el importante papel que jugarán los emuladores, aunque la mayoría de los actuales ofrezcan un rendimiento muy mejorable.

En conclusión

Ouya es una plataforma prometedora. Nos gusta la idea de que cualquier pueda nutrir su catálogo de juegos. La contraprestación será la abundancia de títulos olvidables por lo mediocre. El apoyo de grandes compañías (Namco Bandai, Square-Enix, SEGA o Capcom están subiéndose al barco) será determinante para el éxito de la consola.

Hoy por hoy nos queda una máquina mejorable en su interfaz, especificaciones técnicas y esquema de control, aspectos suspenso, notable y suficiente respectivamente.

Ouya está disponible en EEUU, Canadá y Reino Unido por 99 dólares/libras. La importación de la máquina supondrá un importante recargo en aduanas, dicho sea de paso. Sus últimos mecenas han de recibir la consola en cuestión de días.

Redactado para: VaDeJuegos

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