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Puede que Nintendo Gamecube no alcanzase el éxito esperado, pero eso no le impidió germinar franquicias tan prometedoras como Pikmin. Su combinación de aventura y estrategia en tiempo real encandiló a quienes lo jugaron, motivándose una mejorada segunda entrega.

Shigeru Miyamoto, padre del fontanero más exitoso del videojuego, sentía que la serie encerraba aún su verdader potencial. Planeó entonces el desarrollo de un tercer juego, demasiado ambicioso para el hardware de Wii. Pronto se hizo evidente que sería Wii U la plataforma que albergara el proyecto, aprovechándose de sus gráficos en alta definición y un GamePad idóneo para las encomiendas a nuestro ejército Pikmin.

Pikmin 3 supone una particular interpretación de la estrategia en tiempo real, apta para los habiutales al género pero al tiempo destinada a sus recién llegados. El propio Miyamoto contaba sus entrevistas con niños de primaria, quienes tras varias horas de juego se manejaban fácilmente.

Los Pikmin son seres diminutos, de origen vegetal y diferentes habilidades asociadas a su color. El juego da comienzo justo al topar con estas criaturas el capitán de una nave siniestrada, procedente del planeta Koppai y en la búsqueda de alimentos que garanticen la superviviencia de su población. Durante el juego controlaremos al trío tripulante, si bien sus primeros instantes nos los presentarán individualmente, al haberse estrellado cada uno en un punto distinto.

Comenzamos manejando a Alph, quien habrá de encontrar a su compañera Brittany. Ambos unirán fuerzas en la sección final de un improvisado tutorial para dar con Charlie, el mentado capitán. Será entonces cuando Pikmin 3 despliegue su verdadera mecánica, pero antes habremos interiorizado conceptos como el ordenar a los Pikmin silbato en ristre, agruparlos, o lanzarlos sin piedad contra el enemigo. También que los Pikmin rojos son inmunes el fuego, los amarillos a la electricidad y los azules al agua, siendo imprescindible asigrnales tareas específicas para garantizar el avance.

Junto a nuestra nave encontramos también una ‘cebolla’ a la que transportar enemigos (los hay que escupen fuego, eléctricos, maestros del aplastamiento e incluso voladores) o las fichas que brotan de la vegetación para añadir más Pikmin a nuestro pelotón. Contar con un buen número de Pikmins rocosos será muy útill, por ejemplo, para derribar a velocidad de vértigo alguno de los obstáculos que impiden el tránsito por el mapeado. Eso sí, nunca podrán desplegarse más de 100 unidades a un tiempo.

Pero combatir enemigos, abrir camino y engendrar Pikmins son cuestiones secundarias cuando hablamos del principal cometido por el que la Drake ha terminado mordiendo el polvo: la recolección de fruta. El juego se articula en misiones diarias, cada una de limitada duración y condicionada al consumo de un tarro de néctar entre nuestras provisiones. Si nuestra despensa se vacía, la partida llega inevitablemente a su fin. Resulta muy útil, en consecuencia, la posibilidad de repetir días concretos para recolectar fruta de forma más eficiente (la experiencia hace al maestro).

En lo que respecta al hilo narrativo, los tres protagonistas seguirán distintas señales de radio para dar con un utensilio indispensable si quieren abandonar el planeta. Será entonces cuando encuentren indicios de vida inteligente… y hasta ahí podemos leer.

La gran novedad de esta entega viene dada por el control de tres personajes a un tiempo. A través del GamePad podemos ordenar a Britanny, Alph y Charlie que se dirijan con determinados Pikmin a distintos puntos del escenario, algo imprescindible si queremos aprovechar las escasas horas de sol en que nuestros diminutos pueden campar sin excesivo peligro. Comandar a tres personajes se hace dificultoso al principio, pero a la larga uno entiende que los escenarios pueden recorrerse obedeciendo a la lógica. Por ejemplo: Alph lanza a Britanny y Charlie a un tronco elevado sobre el agua. Una vez en éste, Britanny hace lo propio con Charlie y unos cuantos Pikmin hasta otro saliente, donde una caja de cartón a modo de rampa es desplazada a nivel de suelo para abrir camino al equipo completo.

Ni que decir tiene que no es necesario recoger todas las frutas para completar el juego y que tampoco se impone un máximo de días, como en el original. Podemos tomarnos nuestro tiempo, siempre y cuando seamos productivos (recojamos al menos una pieza de fruta y abramos nuevas rutas de avance).

El indicativo de que progresamos a buen ritmo lo supondrá nuestro encuentro con la media docena de jefes finales que nos aguardan. Suponen el mayor reto del juego, como no podía ser de otro modo y por ello requieren de estrategias que incumbirán a uno o varios tipos de Pikmin. Evolucionar a nuestros ‘soldados’ haciéndoles tragar el nectar desperdigado por los escenarios será más que recomendable. También el disponer de bayas licuadas, las cuáles incrementan momentáneamente la fortaleza del pelotón.

Ya centrados en el esquema de control, resulta bastante cómodo con el GamePad (el stick izquierdo dirige y apunta, mientras el derecho gira la cámara) aunque impartir órdenes vía WiiMote siga siendo más preciso, opción plausible si resignamos el panel táctil a consultar información de recolecta, tomar fotos subjetivas en el modo Cámara o vislumbrar el mapa. La partida se pausa cada vez que pinchamos en éste, dicho sea de paso, pudiendo señalar el punto exacto al que queremos dirigir automáticamente a nuestros exploradores.

La estructura del juego en misiones diarias lo hace perfecto para sesiones breves, que acometer en cualquier momento y desde cualquier habitación de casa gracias a la opción off-TV (pulsando el botón ‘menos’ del GamePad).

El único aspecto que criticaríamos de Pikmin 3 es que sus opciones multijugador: misiones cooperativas específicas y el divertido modo Bingo (recolectar fruta o enemigos entre los plasmados en una cuadrícula en pos de conseguir línea antes que el rival), se abstenga de la propia campaña. Hubiese sido fantástico el recorrerla en compañía.

Nos gustaría reseñar por último el apartado audiovisual del juego, nueva muestra de que las franquicias Nintendo necesitaban desesperadamente un lavado de cara en alta definición. Aunque los gráficos de Pikmin 3 se muevan entre el realismo y la caricatura, la representación vegetal, los riachuelos e incluso nuestras pisadas en la arena son dignos de alabanza. Es un juego hermoso como pocos, sin defectos aparentes pese a no aprovechar plenamente el potencial técnico de su plataforma.

Las calmadas melodías se conjugan por su parte con efectos sonoros realistas, salvando los propios gemidos de nuestros Pikmins, responsables de que cada fallecimiento nos encoja el corazón. Si las batallas contra jefes finales pueden ponernos los nervios a flor de piel, transitar parajes menos arriesgados aporta una paz únicamente comparable a la recolecta diaria de frutas en Animal Crossing.

Concluimos que Pikmin 3 es un juego que se ve y se siente bien, divertido pero también desafiante, especialmente si queremos recolectar toda la gama frutal. La jugabilidad a tres bandas ha sentado de maravilla a la franquicia y los nuevos Pikmin (pétreos y alados) suponen la salpimentación perfecta para una entrega redonda. El mejor juego de Wii U hasta la fecha… no sólo porque fuese relativamente fácil conseguirlo.

9,5/10

Redactado para VaDeJuegos.com

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