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Tenía mis reservas para con Splinter Cell: Blacklist. Conviction me marcó hondo y sabía que los galos rebajarían su tono por petición expresa de los seguidores más incondicionales. Culminada su campaña, no me queda más que reconocer la buena labor de Ubisoft Toronto al plasmar los distintos estilos de que la serie ha hecho gala desde su irrupción.

Descansen tranquilos pues los amantes de Splinter Cell, Pandora Tomorrow y Chaos Theory, porque encontrarán aquí la experiencia de sigilo que les hiciese vibrar. También los amantes del estilo menos purista que insuflase Conviction, ya que Blacklist cumple sin peros la manida promesa de una jugabilidad acorde a cada tipo de jugador. No en vano existen tres estilos jugables desde los que afrontar cada misión (Fantasma, Pantera o Asalto), sin penalizarse en modo alguno nuestra elección. Suponen de hecho una razón para rejugarlas y obtener fondos con los que mejorar equipamiento, habilidades e incluso el avión que sirve de base a la nueva Fourth Echelon.

La premisa de Blacklist supone también un retorno a los cánones de la franquicia. Sam Fisher es ahora líder de la organización, teniendo que hacer frente a un grupo terrorista conocido como Los Ingenieros. Pretenden ejecutar numerosos ataques en masa fechados en la que se conoce como Lista Negra, excusa perfecta para recorrer el globo frustrando cada amenaza y obteniendo pistas que contribuyan a descubrir al malo de turno. Nos espera pues una aventura tremendamente variada, que nos infiltrará en mansiones, embajadas, campamentos terroristas y los inevitables complejos industriales (entre otras localizaciones de acertada elección).

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Cada misión principal viene precedida por nuestros quehaceres a bordo del Paladín, consabido centro de operaciones que parece recordar a la Normandía de Shepard. Nuestras interacción con los distintos tripulantes hará las veces de improvisados menús para la mejora de la aeronave, equipamiento o ejecución de misiones (solitarias o cooperativas) que alargarán considerablemente la duración del juego. Aunque en la práctica suene bien, lo cierto es que estos interludios quedan en mera anécdota, siendo pocas las ocasiones en que nos surja la necesidad de explorar alguna estancia. La curiosidad se nos recompensa con líneas de diálogo adicionales (en su mayor parte anecdóticas, como las conversaciones telefónicas de Fisher con su hija) y desblqoueables en la sección de extras.

El meollo de la cuestión se desarrolla en torno al mapa de la IME, donde encontraremos numerosas fases adicionales, complementarias a las que desarrollan la trama. A través de ellas se articula también el modo multijugador del juego. ‘Espías contra Mercenarios’ supone su vertiente competitiva, englobando partidas rápidas o privadas en modalidades Clásica, Lista Negra, Extracción, Control de Envíos y Combate a Muerte en Equipo. La cooperación recurre a nuestros mentados compañeros (Briggs, Kobin, Grim o Charlie), si bien sus misiones carecen de las excelencias a que nos acostumbra la campaña.

Las infiltraciones propias de la trama acontecen en escenarios amplios, repletos de vías secundarias y diseñados para el aprovechamiento de los distintos estilos de juego. ‘Marcar y Ejecutar’ se rescata directamente de Conviction (como las órdenes de misión sobreimpresionados de forma efectista en los escenarios), aunque serán muchas menos las ocasiones en que la consideremos una táctica precisa, dada una jugabilidad más flexible para con los maestros del sigilo.

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Como se intuye, Blacklist es en líneas generales un título variado y rejugable, pero aún así inferior a su predecesor en el aspecto clave de la narración. Los incondicionales estarán encantados con un Fisher sucedáneo de Jack Bauer, pero lo cierto es que el Sam doliente de Conviction resultaba más empático. La acción prima sobre la emoción y los giros argumentales (que los hay) no llegan a valorarse como debiese por culpa de unos personajes que no terminan de importarnos. Briggs supone el más claro ejemplo.

Aún con sus clichés, el desarrollo de Blacklist se disfruta durante las 8 horas de media que tardaréis en completarlo (el doble si consideramos las misiones secundarias y el desbloqueo de mejoras).

¿Ha hecho un buen trabajo Ubisoft Toronto en lo visual? Sí, en líneas generales, destacando los efectos de iluminación y no tanto la recreación de enemigos y secundarios o sus animaciones. Mientras que a Fisher da gusto verle, la ortopedia expresiva de Grim o Briggs llega a resultar desconcertante.

Tirón de orejas especial para Ubisoft Shanghai, responsable de la conversión del juego a Wii U. Quiero pensar que la arquitectura de la nueva sobremesa resulta caótica cuando poco, imposible justificar de otro modo semejante downgrade gráfico con las versiones para Xbox 360 y PlayStation 3: la tasa de frames llega a situarse por debajo de 30 durante los combates más acalorados, el retardo en la carga de texturas es más que pronunciado y éstas resultan en general muy pobres para lo que el Unreal Engine 3 nos tiene acostumbrados a estas alturas de generación.

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Los eternos tiempos de carga tampoco ayudan y el uso del GamePad como atajo en la selección de armas no convence. Sí cuando el panel alberga las contadas secciones de cobertura por satelite, en que usaremos los giroscopios para apuntar y fulminar a los enemigos desde la comocidad del Paladín.

El otro gran lastre de Blacklist en Wii U es la carencia de modo cooperativo local (sí en línea), incomprensible y motivo más que justificado para rebajar en un punto la valoración final de este análisis.

La banda sonora (discreta y explosiva según deba serlo) y el doblaje al castellano siguen los estándares de la serie, si bien la sincronización labial deja bastante que desear. No nos hemos llevado al menos el disgusto de nuestros colegas angloparlantes, quienes han perdido la voz del genial Michael Ironside.

Splinter Cell: Blacklist es una aventura de acción notable, más concesiva con los seguidores originales de la franquicia en cuanto a jugabilidad y argumento, aunque comprensiva con quienes disfrutamos mucho más del visceral Conviction. Consigue así convencer a unos y otros, menos a los usuarios de Wii U, dada la pobre conversión de Ubisoft Shanghai: rebaje gráfico general, problemas de rendimiento, eternos tiempos de carga y un multijugador mutilado sin razón aparente. Sea como fuere, Sam ha vuelto por una senda que no nos importaría siguiese transitando en sus próximas entregas.

Valoración: 7/10

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