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Como agua de mayo se esperaba este Killzone Mercenary para PlayStation Vita. La portátil suma algo más de año y medio en los mercados occidentales sin que su catálogo haya recibido demasiadas exclusivas de peso, motivos al fin y al cabo por los que resulte atractiva al usuario de a pie.

Killzone Mercenary supone, junto al Tearaway de Media Molecule, la principal tabla de salvación para la plataforma este 2013. No ha de extrañar que las expectativas estuviesen por las nubes, máxime considerándose el éxito amasado por la franquicia.

Tras el discreto Killzone Liberation, Guerrilla nos trae un shooter subjetivo propiamente dicho, capaz de vapulear sin  esfuerzo a otros representantes del género en el segmento de bolsillo. Mercenary ejemplifica perfectamente por qué llevábamos años demandando una portátil con doble stick analógico: un manejo suave y preciso equiparable a las consolas de sobremesa. Supone al tiempo un corte de mangas a los terribles Call of Duty: Declassified y Resistance: Burning Skies..

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Pero además del juego que mejor se controla, estamos ante el apartado visual más impresionante de PS Vita. No mentía Sony cuando prometió un dispositivo capaz de igualar con el tiempo a los títulos más despampanantes de PlayStation 3. Quedaréis asombrados con los efectos de iluminación nada más iniciar la campaña, ya sea contemplando atardeceres o cómo las partículas se interponen entre vuestra metralleta y los enemigos. El texturizado también merece aplausos, si bien es cierto que pierde en las distancias cortas y acaba repitiéndose más que el ajo. Ocurre igual con el diseño de enemigos, tanto que los variados escenarios quedan en un segundo plano.

He aquí el principal defecto de Killzone Mercenary, su gameplay genérico, al que ni siquiera hubiésemos reprochado las tópicas fases de relleno a bordo de vehículos. Ojo, el shooter no llega a aburrir, pero es cierto que el diseño de mapas o la inteligencia enemiga desembocan una y otra vez en las mismas situaciones. Aunque el propio juego insta a recorrerse sigilosamente, en la práctica resulta casi imposible, pues una vez descubiertos acabaremos rodeados por todos los flancos, sin otra opción que la de tirotear a diestro y siniestro. Podrías pensar que fulminar a un enemigo nada más quedar expuestos evitaría la alarma del resto, pero rara vez lo conseguimos. Tampoco está la opción de esconder sus cuerpos, por lo que nunca pasan más de unos segundos hasta que algún uniformado topa con el cadáver. Correr es muchas veces la única opción, aunque el propio esquema de control lo complique en demasía.

La irregularidad de la IA nos deja instantes meritorios, en que los atacantes se agachan para huir de nuestra mirilla y acertarnos a ras de suelo, pero también incongruencias como exponerse prolongadamente a nuestros disparos sin importarles lo más mínimo. El combate cuerpo a cuerpo es otra posibilidad, la mayoría de las veces letal a un sólo trazo en la pantalla táctil, lo que desequilibra un poco la experiencia.

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Cuando no estemos disparando o degollando enemigos, se impone un minijuego de pirateo pensado para poner a prueba nuestros reflejos. Ingenioso al principio, pronto se antoja un fastidio anticlimático más que otra cosa.

Sea como fuere, los nueve niveles de la campaña pueden completarse en unas 5 horas, por lo que no ha mucho lugar para hacer insalvables los defectos apuntados. Será difícil además jugarlo de una sentada en lugar de nueve, pues cada nivel se extiende en torno a los 30 minutos (sin puntos de guardado). Acaba uno con la sensación de que el shooter es más longevo de lo que resulta una vez consultamos las estadísticas de partida.

Mercenary incluye además un sistema de prestigio basado en naipes que, junto al pirateo de terminales escondidos por los escenarios y los retos adicionales a modo de contratos, prolongarán la vida útil de un título claramente enfocado a las opciones multijugador. Tres son las modalidades en línea dispuestas por Guerrilla Cambridge: Zona de Guerra (amalgama de reglas por equipos), Guerra de Mercenarios (deathmarch en solitario) y Guerra de Guerrillas (deathmatch por equipos). Los 6 mapas disponibles responden convenientemente a su propósito: la diversión en compañía a éste u otro lado del globo.

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Como véis, he obviado la narración hasta estos últimos párrafos, pues tampoco hay mucho que contar. Los hechos discurren entre el primer y el segundo juego de la serie, cuando la ISA y los Hellgast protagonizan tremendos enfrentamientos. Estaremos entre ambos bandos, encarnando al mercenario Arran Danner. Una lástima que los pocos giros argumentales resulten predecibles, especialmente dado el nulo carisma que desprenden los personajes centrales.

Killzone Mercenary es un shooter entretenido, aunque demasiado genérico. Quienes sepan personárselo gozarán unas cuantas horas del título más vistoso para PlayStation Vita. También del primer control a dos sticks realmente meritorio en una portátil. La buena propuesta multijugador eleva la calificación al notable alto, por debajo aún con todo de las sobresalientes expectativas.

Valoración: 8/10

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