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Tantos dimes y diretes han hecho eterna la espera hasta la incursión de Diablo III en consolas de sobremesa. Justo cuando creíamos que el proyecto había quedado en agua de borrajas, Blizzard nos sorprende con sendas versiones para PlayStation 3 y Xbox 360. Tuve ocasión de avanzar la primera y he podido ahondar impresiones con la segunda.

No entraré en detalles genéricos, pues hace prácticamente año y medio que los jugadores de PC echaron el guante a una de las secuelas más esperadas en la trayectoria de la compañía californiana. Los recién llegados, eso sí, sepan que se encuentran ante un frenético action-RPG que les enfrentará a interminables hordas con la consiguiente ganancia de nivel y habilidades.

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El desarrollo de Diablo III para consolas comenzó en primavera de 2012. No han perdido el tiempo sus responsables, quienes prometieron cejar en su empeño si el resultado no se adaptaba cual guante al Controller S (Dual Shock 3 en su defecto). Lo han conseguido. Cualquier neófito pensaría que está ante un juego desarrollado expresamente: el stick izquierdo nos sirve para mover al personaje o apuntar, mientras que el derecho esquiva los envites enemigos, algo especialmente útil al vernos acorralados (la mayoría de las veces).

Disponemos además de botones de ataque principal y secundarios (A, B, X, Y, RB y gatillo derecho), el botón LB para consumir pociones de salud y el gatillo izquierda para el bloqueo de objetivo. La cruceta, por su parte, nos permite acceder al mapa, retornar a la ciudad pertinente y consultar las últimas armas recogidas para equiparlas o desecharlas sin necesidad de pausar la partida. A tal efecto se ha implementado un sistema de flechas (en color rojo o verde) que indican el grado de mejora del ítem en cuestión respecto al equipamiento actual.

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Meritorio también el rediseño de inventario. Cada ángulo del stick analógico izquierdo posibilita la selección de una parte de nuestro guerrero (cabeza, torso, manos…), pudiendo entonces examinar los ítems recolectados y equiparlos si es que mejoran nuestras estadísticas de ataque o defensa. Estos menús también permiten activar las habilidades que iremos adquiriendo conforme subamos de nivel y asociarlas a un botón concreto; ahondar en las estadísticas de nuestro personaje o acompañante (serán varios los que se nos unan en el transcurso de la aventura) y consultar el contexto narrativo con que toparemos explorando los escenarios.

En líneas generales, Diablo III para consolas es un juego bastante más frenético de lo que resultaba con teclado y ratón. Era inevitable, pero en ningún momento se convierte en un machacabotones donde obviar la estrategia, especialmente si optamos por los modos de dificultad más elevada. Seguimos disponiendo de cinco clases en las que especializarnos: bárbaro, monje, cazador de demonios, mago y médico brujo, cada una con sus particularidades. Habrán de tenerse muy en cuenta especialmente durante las partidas multijugador, otro punto fuerte del juego, pues la coordinación es clave para derrotar a los demonios más poderosos.

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Hasta cuatro jugadores pueden embarcarse de forma simultánea (pulsando el stick derecho destacamos a nuestro personaje en los instantes más frenéticos), saliendo y entrando de la partida de forma automática. La avanzada inteligencia artificial sustituye automáticamente al jugador ausente para no perjudicar el combate. Señalar además que todos los implicados comparten el botín, habiéndose reducido significativamente el número de objetos dispersos. Se explica esto último por la ausencia de la Casa de Subastas (en breve ajena también a la versión original), dado que las partidas en línea se articulan a través de Xbox Live y no Battle.net. Asegura Blizzard, eso sí, que los objetos disponibles se ajustan mejor a nuestra clase.

Por lo demás el juego sigue resultando tan absorbente como de costumbre, extenso pero no por ello monótono. Cierto que el apartado gráfico queda ligeramente por debajo de la versión para PC, pero nada realmente alarmante. El aparatado sonoro se corona también aquí por un impecable doblaje al castellano, siendo numerosas las líneas de diálogo y los matices de voz con que se interpretan. No es necesario haber jugado entregas previas para imbuirse en este universo apocalíptico o empatizar con quienes intentan salvarlo.

Salvando las nimias diferencias técnicas, Diablo III para Xbox 360 convence por su fluido control, coherente rediseño de inventario y ágil sistema de equipamiento. Es un juego absorvente en su faceta solitaria y tremendamente adictivo en compañía, el más claro ejemplo de un conversión sobresaliente de la que otros estudios harían bien en aprender.

Valoración: 9/10

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