Home

Redactado para: VaDeJuegos.com

Esperábamos Forza y sabíamos del tortuoso desarrollo de Ryse, pero en absoluto esperábamos la tercera gran exclusiva de Microsoft para su flamante Xbox One. La franquicia Dead Rising alcanza su tercera entrega, quizás la más complicada de valorar hasta la fecha. Capcom Vancouver ha hecho mucho y bien por que Dead Rising 3 cumpla con aquello del ‘más grande, más largo y sin cortes’, aunque se haya quedado a medio camino en materia gráfica.

Encarnamos a Nick Ramos, mecánico en horas bajas afincado en Los Perdidos, una suerte de urbe californiana asediada por incesantes hordas de muertos vivientes. Ni siquiera la implantación de microchips a que instó el gobierno ha frenado el auge de la población zombi, sin otra opción para los supervivientes que la de dirigirse al centro de evacuación más cercano procurando no ser mordidos por el camino. Por desgracia el Zombrex escasea y las autoridades apenas dan crédito a quienes se aseguran sanos, lo que pondrá en serios aprietos a nuestro grupo protagonista. Pronto constatarán que nada es lo que parece, pero no tienen mucho tiempo para desentrañar la verdad, pues en 6 días una bomba nuclear asolará la ciudad con tal de aniquilar cualquier amenaza. Se suceden entonces sensaciones ya familiares para los seguidores de la serie, aunque con menor intensidad a la que nos tiene acostumbrados.

Huelgue decir que en términos narrativos Dead Rising 3 no reinventa la rueda y que tan sólo unas cuantas secuencias cinemática rozan la inspiración. El principal aliciente para recorrer sus 7 capítulos (lo que nos llevará aproximadamente unas 12 horas) radica en el exterminio a mansalva,  gracias a su vez al poderío técnico de Xbox One. Miles de muertos vivientes pueblan simultáneamente cada rincón de mapeado sin que atisbemos la más mínima ralentización. Serán muchas las veces que debamos recorrerlo de punta a punta durante la aventura, más preocupados por el número de zombis fulminados que por nuestro cometido. Tanto las misiones principales como las muchas secundarias beben de la clásica mecánica sandbox: -Ve del punto A al punto B y regresa tras apropiarte de C o aniquilar a D. En consecuencia, los compases finales de la aventura se antojan ciertamente monótonos.

Hablando de la aniquilación zombi propiamente dicha, las posibilidades son casi infinitas. Como buen mecánico que se precie, Nick podrá combinar el armamento disperso por el escenario (desde sillas a ‘masajeadores’ pasando por bolsos y botellas de whisky barato) para engendrar útiles más letales. Para ello habrá de encontrar los planos pertinentes, escondidos generalmente en áreas peliagudas. Y es que por supuesto, los momentos de superación enemiga serán una constante.

Los vehículos son quizás el segundo protagonista del juego, de manejo inexclusable dada de la extensión de la ciudad (mucho mayor que los mapas de Dead Rising y su secuela). Camiones, taxis, motocicletas de gran cilindrada, apisonadoras y hasta deportivos de lujo pueblan las calles para hacernos más llevaderos el trayecto. No son muchos los kilómetros útiles de cada transporte, sin embargo, ya que unas cuantas embestidas contra la manada zombi de turno los dejará listos para explotar. Una buena forma de aumentar su resistencia será combinarlos, para lo cual volverá a tocarnos ubicar los mentados planos.

Menos relevancia tendrán los atuendos dispersos por los muchos establecimientos comerciales (o viviendas literalmente desestructuradas) visitables. Éstos siguen presentes aún en las cinemáticas, lo que deriva en situaciones verdaderamente jocosas. El juego en sí encierra una comicidad casi surrealista, que alcanza su punto álgido en la segunda mejor tarea que nos encomienda: acabar con sus 7 psicópatas. Cada cual presenta sus propios patrones de ataque, a detectar si es que pretendemos salir victoriosos. La originalidad y cotas de diversión alcanzadas por estos enfrentamientos nos impiden ejemplarizar, pues topárnoslos de nuevas hace que las horas al mando valgan (y mucho) la pena. Por supuesto, no tendremos nada que hacer si Nick no alcanza cierto nivel de experiencia, para lo cual habrá de completar misiones, salvar a los supervivientes acorralados que encontramos en plena ruta o descuartizar a diestro y siniestro. Este sistema de progresión encierra igualmente varios atributos aumentables como la salud o efectivdad de nuestros envites. Los niveles más altos desbloquean además combinaciones adicionales de armas y vehículos, de esas que marcarán la diferencia en los instantes más comprometidos de la aventura.

Aunque sigue existiendo un límite de tiempo para completar el juego, lo cierto es que el grado de exigencia se ha rebajado considerablemente, como apuntábamos al término del segundo párrafo. Los zombis parecen más distraídos que de costumbre (incluso por la noche, cuando supuestamente aumentan su fiereza) y se nos invita a deambular sin misión principal de por medio en más de una ocasión, como si de pronto todos se hubiesen olvidado de la amenaza nuclear. Además, salvo durante los enfrentamientos más destacados, se nos permite guardar partida en cualquier momento y no únicamente en los puntos habilitados al efecto. Concesiones que los fans acérrimos entenderán una traición de principios, pero que los menos duchos agradecerán con tal de alcanzar los distintos finales. Sepan los primeros que el ‘Modo Pesadilla’ les ofrece el desafío que buscan y los segundos que el juego cooperativo reduce considerablemente la dificultad, amén de poder seleccionar el estilo de juego que más se amolde a nosotros.

Como buen producto exclusivo, Dead Rising 3 intenta sacar provecho a las peculiaridades de Xbox One. Acierta de pleno con SmartGlass, al convertir nuestra tablet o smartphone en un intercomunicador repleto de información adicional y un mapa interactivo donde consultar las tareas en curso. Nos será de gran ayuda al ubicar ciertos ítems recolectables, como las Estatuas de Frank, que añaden rejugabilidad al conjunto. Lo que no convence tanto es la interacción vocal con Kinect para despistar a zombis o enemigos finales. La detección es imprecisa dado que el sensor capta incluso el sonido de la televisión, lo que supondrá un incordio aún cuando nos limitemos a navegar de viva voz por los menús.

Gráficamente el conjunto no pasa de correcto, superior a las anteriores entregas, pero sin desplegar nada digno de abanderar una nueva generación visual. El juego corre a 30 frames por segundo con una resolución de 720p, sin ser ajeno a ralentizaciones puntuales, popping y un alarmante retardo en la carga de texturas. En contraposición destacan los modelados faciales del protagonista y los personajes secundarios (más carismáticos que éste, sin duda), así como sus realistas animaciones. Convencen igualmente los efectos de iluminación y ante todo la gran cantidad de zombis que pueblan la pantalla sin merma de fluidez. El doblaje al castellano es aceptable, pero sigue convenciendo más el original. Las melodías por su parte hacen escaso acto de presencia y resultan tan anecdóticas como unos repetitivos efectos de sonido.

EN CONCLUSIÓN
Dead Rising 3 es una exclusiva considerable, aunque repleta de claroscuros. Nos ha convencido la gran cantidad de enemigos en pantalla y formas de exterminarlos a lo largo del amplísimo mapeado. También unos divertidísimos enfrentamientos finales. Por contra, Capcom Vancouver no sabe aprovechar las excelencias técnicas de One y copa buena parte de su aventura con misiones de lo más monótono. Sea como fuere, los seguidores de Dead Rising no quedarán en absoluto decepcionados, pues su especial sentido del humor está más que presente.
Valoración: 8/10
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s